Alex es un chico con inquietudes. Está en su segundo curso de políticas. Sospecho que milita en algún partido de izquierdas, aunque se muestra retraído y misterioso al respecto. Por fortuna tiene interés en aprender y sospecho que desarrolla un cierto espíritu crítico. Mis charlas con él son ilustrativas para ambos.
—Abuelo, he comenzado un diario, como me recomendaste.
—Eso está bien, me gusta. ¿Y que escribes?
—Lo que se me ocurre en cada momento, pero te
confieso que a veces me quedo en blanco y no sé qué anotar.
—Eso, te dirían
los que escriben, se llama terror vacui, miedo a la página en blanco. Creo que
a todos los escritores les pasa alguna vez. Arrancar con la historia es lo
difícil, luego la cosa fluye con más facilidad.
—Lo que pasa es
que no me resulta fácil escribir lo que pienso, hablar es una cosa, pero
escribir es diferente, de eso no me había dado cuenta.
—Para eso –entre
otras cosas- es útil la escritura, para una catarsis personal, ordenar los
pensamientos, reflexionar sobre uno mismo y tener la oportunidad de vivir
tantas vidas como libros seas capaz de leer. Lo más importante para escribir es
leer, leer mucho. Recuerda las palabras de Borges: ‘De los diversos
instrumentos del hombre el más asombroso es, sin duda el libro. Los demás son
extensiones de su cuerpo. El microscopio y el telescopio son extensiones de su
vista; el teléfono es extensión de la voz; luego tenemos el arado y la espada, extensiones
de su brazo. Pero el libro es otra cosa: el libro es una extensión de la
memoria y la imaginación.’
—Pues no lo
conocía.
—Borges, como
tantos otros, es lectura imprescindible y es para siempre. La escritura, si
viene, ha de venir después, y a la vista de que hay más escritores que
lectores, me temo que tampoco sea imprescindible. La lectura –bien escogida- es
lo único que puede sacarnos de este marasmo de estupidez. Una cosa importante:
la suficiente dosis de humor. Decía Fernández Flores, uno de los grandes
escritores de nuestro país, que el humor es una forma de estar en el mundo.
—¿Entonces debo
renunciar a escribir?
—No, todo lo
contrario. En mi opinión, una vez que la lectura haya completado el suficiente
barbecho de conocimientos es muy conveniente que escribas, por las razones que
te he dicho. A lo que me refería es a que una cosa es escribir, otra publicar y
otra ser leído. Escribir para que otros te lean es difícil, uno cree que se
expresa con claridad y puede resultar que no lo entienda nadie. Ya sabes lo que
decía Heráclito: ‘Si el mundo es críptico, el lenguaje adecuado para
representarlo será denso, misterioso y difícil de descifrar’.
—¿El Heráclito del río que no pasaba dos
veces?
—Ese.
—Pues según me lo
pones seguiré con mi diario alejado de miradas importunas.
—Esa me parece
una sabia decisión.

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