domingo, 2 de agosto de 2026

VERANO Y BOLAÑO

 

Últimos días del verano, cae la tarde de un día templado y bonancible que se ha metido en borias -quizás las cabañuelas-, y deja caer unas gotas, gordas y ruidosas que refrescan el ambiente.

Pienso que hay que preparar leña para el invierno, aunque quizás no sea necesario si el cambio climático sigue haciendo de las suyas, aguardaremos hasta ver que cara trae el otoño.

Recuerdo con nostalgia los días pasados en Blanes, ese precioso pueblo de la Costa Brava que fue patria de Roberto Bolaño durante un tiempo y que solo ha tenido con él el detalle mínimo de dedicar a su recuerdo una sala de la biblioteca pública que visitaba con frecuencia. Gerona, sin embargo, le dedicó una calle.

Bolaño tuvo mala suerte con su hígado que le impidió cumplir los cincuenta y uno en el 2003, a pesar de lo cual dejó tras de sí una importante obra poética y narrativa sin contar con la torrencial novela 2666, cuyo título parece una referencia al nombre de la bestia en la que cree tanta gente. Fue un chileno comprometido, además de con la literatura, con la política de su país, al que viajó para sumarse al movimiento de Allende y tuvo la mala suerte de encontrarse con Pinochet cuando llegó después de atravesar Méjico con medios precarios y toda suerte de fatigas. Para nosotros fue una suerte porque eso lo trajo a Cataluña, primero al Raval de Barcelona y luego a Blanes donde vivió -junto a su mujer, sus hijos y las estrecheces que lo persiguieron siempre-, sus últimos años. Nos dejó un hermoso patrimonio –Los detectives salvajes, El gaucho insufrible, Sensini, La literatura nazi en América, Estrella distante y otras varias que no cito…, artículos y cuentos- del que le seremos deudores para siempre.

Si tuvo suerte -y justicia- con los premios que reconocieron su calidad literaria –Herralde (1958), Ciudad de Irún, Kutxa Ciudad de San Sebastián, Municipal de Santiago de Chile, Salambó (póstumo)….- que paliaron en los últimos tiempos sus dificultades económicas.

Nostalgia veraniega, nostalgia literaria…

 

Migración al blog principal

Estoy migrando las entradas de este blog al blog principal.

En cuanto termine, este blog será borrado. Me es más fácil organizarme con menos blogs. También notaréis el rediseño del principal, gracias a mi amigo Carlos, al que saludo desde aquí.

Saludos cordiales.

martes, 7 de julio de 2026

CHARLAS CON ALEX, XI. Tatuajes

 


Alex es un chico con inquietudes. Está en segundo curso de políticas. Sospecho que milita en algún partido de izquierdas, aunque se muestra retraído y misterioso al respecto. Está convencido de que me mantengo fiel al ideario de mis ancestros. Por fortuna tiene interés en aprender y sospecho que desarrolla cierto espíritu crítico. Mis charlas con él son ilustrativas para ambos.

 —Abuelo, estoy pensando en hacerme un tatuaje. ¿Te parece bien?

—Ni bien ni mal, eso es cosa tuya.

—¿Pero tú te lo harías?

—Desde luego que no.

—Entonces no te gustan.

—Ni me gustan ni me disgustan, como decía mi abuela ‘que cada uno haga de su capa un sayo’ y ‘todos contentos y engañados’. Al que le guste que se lo haga, a mí me parece una cosa innecesaria, una agresión corporal a la que no estoy dispuesto.

—Pero están tan de moda…

—Eso de las modas es relativo. Parece que se acaban de inventar, pero te recuerdo que los tatuajes vienen de mucho tiempo atrás, probablemente desde la prehistoria. Hay evidencia de tatuajes en Chile de hace más de 2 000 años y el famoso hombre del hielo de los Alpes, Orzi, con más de 3 000 también estaba tatuado. Ha habido tatuajes en casi todas las culturas, desde Persia hasta Grecia y Roma, pasando por las precolombinas y el oriente. El horimono es un tipo de tatuaje especifico de Japón surgido en el periodo Edo en el siglo XVII que todavía se cultiva. Probablemente a Europa llegó desde la Polinesia, cuando el capitán Cook navegaba por aquellas latitudes. Los marineros aprendieron la técnica de los maoríes y la trajeron a Europa. Aquí se extendió entre los marineros y, curiosamente entre la población carcelaria, a lo mejor para matar el tiempo del que disponían en demasía. Luego se puso de moda, entre la juventud, quizás como símbolo contestatario, hasta convertirse en verdadero arte. Te recuerdo que llevaba ese título una de las novelas del llorado Vázquez Montalbán, y en Veinte mil leguas de viaje submarino de Julio Verne, como habrás leído, el arponero maorí va cubierto de ellos.

—Yo tengo amigos y amigas que llevan unos tatuajes preciosos.

—Yo también conozco muchas personas, de todas las edades, que los llevan, pero para mí tienen dos inconvenientes: uno que son para siempre, y el pensamiento de la eternidad me produce desasosiego; otro que hay que llevar la parte tatuada bien a la vista para que surta efecto, lo que sobre todo en invierno me parece poco práctico.

—¿Entonces tú no te lo harías?

—Por el momento, no. Como prueba, me he hecho algunas veces un ‘tatuaje temporal’ de henna en Marraquech, la experiencia ha sido satisfactoria, pero cuando el dibujo se ha borrado le he dicha adiós sin ninguna pena. Y hasta ahora. Ese me parece el tatuaje perfecto.

—Pues me lo pensaré.

—Your self

 

 

 

                

sábado, 4 de julio de 2026

CARTAS QUE QUIZÁS NUNCA SE ENVIARON

 


Noviembre 2005

Querido Alex:

Razón tienes al reprocharme, te urjo a que me escribas y luego paso largas temporadas sin contestar a tus cartas. Debías saber, a estas alturas, que soy una persona anárquica funcionando a impulsos imprevisibles y que, como dice Giovanni Guareschi, nunca me he arrepentido de dejar para mañana cualquier cosa que pudiera haber hecho hoy.

Pero te prometo, con toda la seriedad de que soy capaz, que me propongo firmemente contestar a tus cartas, por lo menos durante el tiempo que dure tu Erasmus.

Recuerdo ahora que cuando me avisaron de tu llegada, hace ya dieciséis años, la sensación de la perpetuidad me sorprendió, cosa que no me había pasado con ninguno de mis hijos y en la emoción del momento, decidí escribirte una serie de epístolas que estableciera nuestra relación por si no me quedaba tiempo de hablar contigo. Imagino que se debía a la intención de transmitir algo de lo que uno ha aprendido, el sentimiento de los antiguos griegos de permanecer en la memoria de los hombres para lograr la inmortalidad, como puedes leer, cuando lo consideres oportuno, en la Ilíada, cosa que te recomiendo vivamente.

Ya sabes cómo me gusta hacer planes nebulosos y visionarios que generalmente quedan en nada. Así pasó entonces con la fantástica serie de cartas que había imaginado, y mira por donde, años después nos encontramos de conversación epistolar, pero esta vez en un punto mas avanzado. Ahora, por lo menos, nos conocemos un poco y es probable que nos resultemos lo bastante interesantes como para intentar saber algo más el uno del otro.

Tenemos algunas ventajas. Tú te encuentras, al menos por el momento, aislado en un país extraño y yo en los últimos años de una vida que necesito explicarme, tampoco sé para qué. Ese es un buen caldo de cultivo para intercambiar opiniones y experiencias. Sin grandes necesidades y sin urgencias, lo que dé la mata, o como decís los catalanes, tal com raja.

Rebuscando estos días en la memoria, pensando en que contarte que no fueran solamente las impresiones de un vejestorio medio decepcionado y astroso, poco útiles para ti y seguramente enfadosas y sin sentido, me encontré con la señora Kikiu. ¿La recuerdas? Quizás no, como todas las cosas que pertenecen a una infancia lejana, por feliz que fuera. La memoria es cosa curiosa que no siempre responde a nuestras necesidades, sino a oscuros designios pertenecientes al mundo de lo inconsciente que Freud estudió, no se si bien, pero desde luego de forma prolija y detallada. Uno recuerda lo que le conviene o le interesa, lo demás permanece en ese limbo de la mente, desconocido e ilocalizable, de donde solo sale en momentos puntuales o en el sueño.

¡Esos recuerdos amagados, que van llenando el depósito ignorado de un poso oscuro, casi siempre tétricos y amargosos!

No es este el caso de la señora Kikiu. Levantabas pocos palmos del suelo cuando apareció. Y como era personaje nuevo e inexistente, tuviste que explicárnoslo. A los tres años, nadie es un orador consumado y menos convincente, así que tuvimos que completar con nuestra imaginación la tuya. Oriental si que era, además del nombre que evocaba latitudes orientales, por el aspecto exterior que remedabas con aquel viejo mantón un poco astroso, resobado y amable con que tu abuela se cubría en las veladas televisivas de sillón desparramado.

Como el doctor Jekyll y Mr. Hide, la señora Kikiu y Alex eran dos calderos en los extremos de la cuerda del pozo. Cuando uno aparecía en el brocal, el otro se encontraba en lo más profundo de las aguas oscuras. Nunca coincidieron. Por eso, lo que sabemos de la señora Kikiu es solamente lo que ella quiso contarnos, y se mostraba especialmente esquiva, como ente que pertenecía a un mundo encantador y mágico que solo podía existir de forma plena en tu imaginación.

Pero el poder de esta es tan grande que el personaje acabó instalándose entre nosotros. Y aún después de tantos años todavía la recuerdo, menuda y grácil, de airoso porte, paseándose altiva y hierática entre la concurrencia familiar en un silencio lleno de misterios permitiendo que cada uno de nosotros imaginara a su antojo palabras y sentimientos que nunca comunicara.

Con el tiempo, que todo lo trilla, la señora Kikiu fue desvaneciéndose, quizás para volver en dulces y lentas jornadas, a su lejano país de Andere.

Pero de vez en cuando, a cada ocasión en que los recuerdos vuelven a aquellos días, su figura menuda, trasbillandose a cada paso con el mantón que tan bien la definía, vuelve a deslizarse entre nosotros refrescándonos el corazón. (Los antiguos egipcios dirían el hígado).

No sé por qué la asocio, además de con los restaurantes chinos en los que tanto te gustaba comer nueces con nata, a la música de Tarrega, quizás porque aquel verano era el leif motiv que utilizábamos para inducirte a arañar con fruición las cuerdas del diminuto violín que te había regalado Ágata y que intentaras consolidar tu primera vocación, la de músico, y “a ser posible, director de orquesta”. No creo que percibieras la licencia que suponía cambiar el violín por la guitarra. Al fin y al cabo, todo eran cuerdas.

¡Cosas menudas que constituyen la esencia de la vida!

Por esa época, decidiste que los largos viajes, en los que te veías inmerso como lanzadera involuntaria, no se establecían entre las localidades físicas que te era difícil imaginar, sino entre la localidad de partida y el país de Popeig, mucho más fácil de localizar por una imaginación libre. Cuando los periodos de vacaciones terminaban y la partida se hacia inevitable y con los normales ribetes de tristeza, el lugar de destino era siempre el imaginario Popeig, donde seguramente te esperaban nuevas emociones y descubrimientos sin cuento, lejos de la ramplona realidad, única que los obtusos adultos éramos capaces de contemplar.

Sin saberlo entonces, estabas viajando como tantos hombres antes, en un recorrido interminable hasta la inasequible Ítaca, reinventando el Mito del eterno retorno en el que permanecemos presos.

 

martes, 9 de junio de 2026

CHARLAS CON ALEX, X ¿Votamos?

 

Alex es un chico con inquietudes. Está en segundo curso de políticas. Sospecho que milita en algún partido de izquierdas, aunque se muestra retraído y misterioso al respecto. Está convencido de que me mantengo fiel al ideario de mis ancestros. Por fortuna tiene interés en aprender y sospecho que desarrolla cierto espíritu crítico. Mis charlas con él son ilustrativas para ambos.

*

 —Abuelo, al parecer se avecinan elecciones.

—Seguro, si no este mes el siguiente o dentro de un año, depende de si el Sr. Feijoo se decide a presentar la moción con permiso del belga o del vasco. La situación es tan inestable que puede desatarse el huracán en cualquier momento. ¿Tú vas a votar?

—Desde luego, ¿y tú?

—También, no he dejado de votar siempre que he tenido ocasión desde el 77, bastantes años me hurtaron ese derecho.

—¿Votarás a pesar de todo lo que está pasando?

—A pesar de todo.

—¿Y a quién?

—Eso no se pregunta, el voto es personal y secreto, pero te doy pistas: voy a votar a un partido que proclame y defienda la igualdad, el matrimonio entre gente del mismo sexo; el derecho al aborto libre y voluntario; la eutanasia; la sanidad y la educación públicas y universales; la estabilidad y la dignidad de las pensiones; un salario mínimo decente; un estado laico; la persecución sin excusas de los corruptos, ya que la corrupción parece una moderna Hidra inextinguible; un buen transporte público adaptado a los tiempos que corren; que resuelva de una vez el problema de la vivienda; que no me engañe con bajadas de impuestos que después no se cumplen.

—¿No quieres que te bajen los impuestos?

—Bajar los impuestos y tener buenos servicios públicos es un oxímoron, o sea un imposible. Quiero que me cobren los impuestos que me corresponda, que los administren bien y los empleen en los servicios públicos que te decía, que se mejoren las condiciones de todas las personas y no las de unos pocos como sucede con las privatizaciones, que solo benefician a los pudientes. No quiero el modelo sanitario americano, no quiero nada de estilo Trump.

—¿Y si no encuentras un partido que reúna todas esas cosas?

—Pues tendré que conformarme y votar al que más se le aproxime, pero votar, voto

—Y yo también.

 

 

 

 

                

viernes, 29 de mayo de 2026

CHARLAS CON ALEX, IX Leer y escribir

 Alex es un chico con inquietudes. Está en su segundo curso de políticas. Sospecho que milita en algún partido de izquierdas, aunque se muestra retraído y misterioso al respecto. Por fortuna tiene interés en aprender y sospecho que desarrolla un cierto espíritu crítico. Mis charlas con él son ilustrativas para ambos.

—Abuelo, he comenzado un diario, como me recomendaste.

—Eso está bien, me gusta. ¿Y que escribes?

—Lo que se me ocurre en cada momento, pero te confieso que a veces me quedo en blanco y no sé qué anotar.

—Eso, te dirían los que escriben, se llama terror vacui, miedo a la página en blanco. Creo que a todos los escritores les pasa alguna vez. Arrancar con la historia es lo difícil, luego la cosa fluye con más facilidad.

—Lo que pasa es que no me resulta fácil escribir lo que pienso, hablar es una cosa, pero escribir es diferente, de eso no me había dado cuenta.

—Para eso –entre otras cosas- es útil la escritura, para una catarsis personal, ordenar los pensamientos, reflexionar sobre uno mismo y tener la oportunidad de vivir tantas vidas como libros seas capaz de leer. Lo más importante para escribir es leer, leer mucho. Recuerda las palabras de Borges: ‘De los diversos instrumentos del hombre el más asombroso es, sin duda el libro. Los demás son extensiones de su cuerpo. El microscopio y el telescopio son extensiones de su vista; el teléfono es extensión de la voz; luego tenemos el arado y la espada, extensiones de su brazo. Pero el libro es otra cosa: el libro es una extensión de la memoria y la imaginación.’

—Pues no lo conocía.

—Borges, como tantos otros, es lectura imprescindible y es para siempre. La escritura, si viene, ha de venir después, y a la vista de que hay más escritores que lectores, me temo que tampoco sea imprescindible. La lectura –bien escogida- es lo único que puede sacarnos de este marasmo de estupidez. Una cosa importante: la suficiente dosis de humor. Decía Fernández Flores, uno de los grandes escritores de nuestro país, que el humor es una forma de estar en el mundo.

—¿Entonces debo renunciar a escribir?

—No, todo lo contrario. En mi opinión, una vez que la lectura haya completado el suficiente barbecho de conocimientos es muy conveniente que escribas, por las razones que te he dicho. A lo que me refería es a que una cosa es escribir, otra publicar y otra ser leído. Escribir para que otros te lean es difícil, uno cree que se expresa con claridad y puede resultar que no lo entienda nadie. Ya sabes lo que decía Heráclito: ‘Si el mundo es críptico, el lenguaje adecuado para representarlo será denso, misterioso y difícil de descifrar’.

 —¿El Heráclito del río que no pasaba dos veces?

—Ese.

—Pues según me lo pones seguiré con mi diario alejado de miradas importunas.

—Esa me parece una sabia decisión.

 

 

 

 

 

 

 

                

jueves, 21 de mayo de 2026

CHARLAS CON ALEX, VIII Zapatero a tus zapatos

 

Alex es un chico con inquietudes. Está en su segundo curso de políticas. Sospecho que milita en algún partido de izquierdas, aunque se muestra retraído y misterioso al respecto. Por fortuna tiene interés en aprender y sospecho que desarrolla un cierto espíritu crítico. Mis charlas con él son ilustrativas para ambos.

 —Abuelo, me he quedado estupefacto con lo de Zapatero.

—Como el resto de la población, nadie se esperaba esto. Debe ser verdad que el PSOE está en shock.

—Por lo que he oído el asunto llevaba coleando más de dos años.

—Cierto, y a instancias de las fiscalías europeas, si no hasta es posible que nadie se hubiera atrevido a meter las narices.

—Pero también se ha sumado a la investigación el seudo sindicato Manos Limpias.

—Sí, pero esos a rebufo, a ver si pillan algo, que parezca que ha sido cosa suya.

—Menos mal que el asunto no salió antes de las elecciones, si no la debacle del PSOE hubiera sido mayor.

—El juez Calama actuó con mucho respeto institucional, no quiso hacer más sangre de la imprescindible.

—Pero el auto es demoledor

—¿Lo has leído?

—Desde luego

—Yo solo el resumen del Poder Judicial, pero es para echarse a temblar, no deja títere con cabeza a lo largo y ancho de sus 85 páginas, el juez encuentra ‘indicios’ de tráfico de influencias para obtener beneficios económicos, acceso anticipado a información privilegiada, red organizada de influencias para obtener beneficios siguiendo las instrucciones directas de Rodríguez Zapatero, canalización de fondos de origen ilícito hacia él y hacia la sociedad de sus dos hijas, blanqueo de capitales, sociedades instrumentales para evitar pagos en España y no sé si alguna cosa más.

—Con eso ya hay para preocuparse.

—Ahora a ver que dice Zapatero el dia dos de junio.

—Quisiera pensar que va a aclarar muchas cosas, pero me temo que el daño ya está hecho, el referente moral que representaba para su partido y para el progresismo en general ha quedado seriamente dañado. Por otra parte, no parece que el juez Calama sea un Peinado, el auto no es para tomarlo a broma. Me temo que Zapatero lo tiene difícil.

—Lo que no entiendo es que puede guiar a un señor que tiene la vida resuelta para mientras viva, con sueldo vitalicio, asesores, chofer y no sé cuántas cosas más que le quedan a los ex presidentes, a meterse en esos berenjenales.

—En otros casos conocidos – por desgracia habituales- supongo que la avaricia y la sensación de impunidad generada por una justicia manipulable y el ejemplo del emérito que no es precisamente un buen ejemplo. En el caso de Zapatero no lo entiendo, mejor que se hubiera contentado con el viejo refrán: ‘zapatero a tus zapatos’. Esperemos, manteniendo la presunción de inocencia, a la comparecencia del dia dos.

—Que dios nos pille confesados y que los indicios se queden en eso.

 

 

lunes, 6 de abril de 2026

CHARLAS CON ALEX, VII Politica municipal

 

Alex es un chico con inquietudes. Está en su segundo curso de políticas. Sospecho que milita en algún partido de izquierdas, aunque se muestra retraído y misterioso al respecto. Por fortuna tiene interés en aprender y sospecho que desarrolla un cierto espíritu crítico. Mis charlas con él son ilustrativas para ambos.

—Abuelo, pensando en lo que me dijiste el ultimo día, ¿la política municipal también es así?

—Toda la política de hoy día es muy parecida, sino que la municipal tiene rasgos ligeramente diferentes por ser más cercana. El problema se produce cuando la política cercana se plantea como si se tratara de la de los grandes partidos en los que son los líderes nacionales los que encabezan la campaña y los que buscan el voto. Eso es una falacia que no deberíamos consentir, otra perversión del sistema. En la política municipal, y aún en la autonómica, debería primar la buena administración por encima de las ideas políticas.

—Pero, en definitiva, cada partido tiene un ideario y una forma diferente de entender la sociedad.

—Sin duda, pero en un pueblo de quince o veinte mil habitantes, pongo por caso, lo que les interesa a los vecinos es que los recursos de que dispone su ayuntamiento se administren bien, se dediquen a obras realmente necesarias, se implemente la sanidad, se dote a colegios e institutos de los medios necesarios, se mantenga la limpieza de las calles, se garantice la seguridad y la igualdad. Con independencia del partido que ostente el poder, esas han de ser tareas comunes a cualquiera de ellos y por las que los ciudadanos que los juzguen les permitan seguir gobernando o los envíen al ostracismo.

—Eso si hay un partido que tenga mayoría.

—No exactamente, cada día se está apreciando con mayor frecuencia que se puede gobernar con un partido en minoría, lo que obliga a pactos y tratos en los que han de participar todos los representantes del vecindario o la ciudadanía. Así se hubieran evitado proyectos megalómanos e inútiles como los muchos aeropuertos que proliferaron en su momento en las Comunidades Autónomas gobernadas por mayorías y que ahora no se sabe qué hacer con ellos.

—Pero los ayuntamientos no pueden hacer aeropuertos.

—Desde luego que no, si pudieran, seguro que alguno se atrevía, pero lo que sí pueden hacer, cuando disponen de mayoría absoluta, es dejarse tentar por el clientelismo, y revivir el viejo sistema caciquil que tanto mal ha hecho a este país. El poder absoluto corrompe absolutamente y no tener que dar cuentas de nada es muy peligroso.

—Abuelo, volvemos al principio. Si la ciudadanía o el vecindario o como quiera que quieras llamarlo decide dar la mayoría a un partido, no hay nada que objetar.

—Desde luego que no, el respeto a la decisión de las urnas es incuestionable, igual de incuestionable que el derecho de los partidos a los que las urnas han mandado a la oposición de mantenerse vigilantes y activos con la gestión municipal o autonómica, en defensa de los ciudadanos que los han votado, con el mismo derecho que a los demás.

—Pero en un consistorio autonómico con mayoría absoluta, poco puede hacer la oposición.

—Desde luego, ese es el punto álgido de la cuestión, si el partido en el gobierno lo hace bien, estupendo, pero si lo hace mal no hay posibilidad de hacerlos enmendar la plana. Por eso te decía yo que no están los tiempos para mayoría absolutas.

—Pero si las urnas la conceden…

—Pues a aceptarla y a hacer lo que en buena lid corresponda.

domingo, 5 de abril de 2026

CHARLAS CON ALEX, VI. Constitución

 

Alex es un chico con inquietudes. Está en su segundo curso de políticas. Sospecho que milita en algún partido de izquierdas, aunque se muestra retraído y misterioso al respecto. Por fortuna tiene interés en aprender y sospecho que desarrolla un cierto espíritu crítico. Mis charlas con él son ilustrativas para ambos.

—Abuelo, me dijiste que la Constitución actual necesita una urgente revisión y me dejaste perplejo ¿No es ese el papel del legislador? ¿No están para eso nuestros diputados —y diputadas— a los que mantenemos en cómodas residencias en Madrid con salarios más que dignos?

—Pues sí, pero resulta que, para una revisión constitucional, según dice la vigente en su artículo 167, se requiere un acuerdo de las tres quintas partes de ambas cámaras, lo que parece hoy inalcanzable. Nadie se atreve a ponerle el cascabel al gato. Con el guirigay que hay en el Congreso, me parece que tenemos Constitución para rato.

—Eso no es bueno, las constituciones tienen que ser un elemento vertebrador y ágil, si no se vuelven inoperantes y pueden hacer más daño que beneficio.

—Claro, por eso los ingleses no la tienen escrita y así no hay problema.

—Bueno, tienen su Carta Magna.

—Sí, pero es de la época de Juan sin Tierra, en 1215 y tampoco está vigente. Los ingleses se rigen por las normas y leyes del parlamento, por el derecho consuetudinario y por el conjunto de normas que llaman constitución no codificada. Los que lo tuvieron más claro fueron los americanos. En 1787 se proclamó su Constitución como un documento inamovible. No me resisto a recordarte el comienzo porque me parece uno de los textos fundamentales más hermosos, sobre todo teniendo en cuenta el momento histórico de que se trata: Nosotros, el pueblo de los Estados Unidos, a fin de formar una unión más perfecta, establecer justicia, asegurar la tranquilidad interior, proveer a la defensa común, promover el bienestar general y asegurar para nosotros mismos y para nuestros descendientes los beneficios de la libertad, proclamamos e instituimos esta Constitución para los Estados Unidos de América.

—¡Abuelo, que eso ya lo sabía, está por todas partes!

—Bueno, no seas tan sabihondo, nunca es malo repetir las cosas, lo que abunda no daña. En lo que quería insistir es en que arbitraron un sistema estupendo para que la Constitución no se les quedara anticuada ni tuvieran dificultades para modernizarla si no se ponían de acuerdo como nos pasa a nosotros ahora, y es ir añadiéndole enmiendas para cada caso, así es más fácil lograr un consenso en asuntos puntuales y la cosa funciona estupendamente. Creo que van por la enmienda numero veintisiete.

—¿Y por qué no se hace algo parecido en España?

—Es lo que habría que preguntar a nuestros políticos, pero de momento no es tema que les preocupe, bastante tienen con sacar adelante el día a día y parapetarse contra los disparos de la oposición. Sobre todo, ahora que se avecinan elecciones y están todos enloquecidos porque se juegan muchos puestos de trabajo y, sobre todo, muchos asuntos, y muy serios en lo que se refiere a temas fundamentales: las libertades, la sanidad, la educación, las pensiones, y, sobre todo, la economía. Si la economía no va bien, nada puede ir bien. Ya sabes que “donde no hay harina, todo es mohína”.

—¡Abuelo, pareces más catalán que yo!

—Algo se me habrá pegado después de tantos años.

 

sábado, 4 de abril de 2026

CHARLAS CON ALEX, V. Republica

 

Alex es un chico con inquietudes. Está en su segundo curso de políticas. Sospecho que milita en algún partido de izquierdas, aunque se muestra retraído y misterioso al respecto. Por fortuna tiene interés en aprender y sospecho que desarrolla un cierto espíritu crítico. Mis charlas con él son ilustrativas para ambos.

—Abuelo, volviendo a lo del otro día, le eché un vistazo a la
Política y en una nota a pie de página dice que la mejor Constitución es una aristocracia mixta, una mezcla de aristocracia, oligarquía y democracia; o bien una politeia, mezcla de oligarquía y de democracia que puede resumirse como “republica”.

—Esa era una palabra que estaba proscrita en mis tiempos, fíjate tú que cosas. Hoy por fortuna se habla de ella con la mayor naturalidad, hay debates sobre monarquía o república y es muy posible que, andando el tiempo llegues a ver a esa señora más de cerca. Pero a lo que vamos de las mezclas: me gustan, como los perros de mil razas que tienen un poco de todas ellas y suelen ser listos y capaces de adaptarse a cualquier situación. Por eso no me gustan los gobiernos con mayoría absoluta ni las dictaduras de cualquier clase que sean.

—Pero si no hay una clara voluntad que mande, es difícil llevar a cabo un proyecto político.

—Es difícil pero no imposible, ahí radica el mérito del quehacer político: en aunar voluntades, escucharse unos a otros, tomar en cuenta las opiniones de los demás, aunque sean discrepantes de las nuestras —siempre que estén dentro de la legalidad— y en llegar mediante pactos y consensos a acuerdos en los que se sientan reflejados todos los ciudadanos, sea de la tendencia que sea. Eso es mucho más complicado y requiere más categoría y cintura política que gobernar con el “ordeno y mando” como se hace en las dictaduras.

—A mí eso de las dictaduras me suena a cuento chino.

—Precisamente, ahí tienes a China con una dictadura, del proletariado o de lo que sea, un tipo de gobierno sin libertades y con terribles carencias democráticas y sin embargo se ha puesto a la cabeza del mundo en temas económicos y están colonizando media África. Observa la paradoja. A lo mejor si le preguntáramos a un chino si prefería morirse de hambre como antes o comer todos los días tres veces, aunque tenga menos libertad, nos sorprendía su respuesta.

—La próxima vez que vaya a un restaurante chino lo pregunto.

—Prueba, pero me da que son demasiado discretos y tienen bastante con buscarse la vida en un país tan alejado del suyo para meterse en más conflictos. Cíñete al estudio de la Constitución y no le busques tres pies al gato.

—Será de las constituciones, porque en este país, después de las monarquías absolutas, llevamos unas cuantas.

—Y tanto, nada menos que ocho: la famosa “Pepa” de Cádiz que inauguró la serie, y luego las de 1834, 1837, 1845, 1869, 1876, 1931 y por fin, la vigente desde 1978. Unas duraron más y otras menos.

—La actual es de las que más ha durado, ¿no?

—Si no contamos la de la Restauración de 1876, sí. El problema de las constituciones es que, como todo lo humano, necesitan prudentes y periódicas revisiones. Sólo los libros sapienciales permanecen incólumes a través del tiempo. Por eso tienen tantas dificultades para irse adaptando a la actualidad.

—¿Quieres decir que nuestra Constitución actual necesita una revisión?

—Desde luego. Es más, te diría que la pide a gritos. Hay muchos temas que ya han quedado obsoletos, empezando por la monarquía, la relación con la iglesia católica y otras confesiones que no tenían presencia en nuestro país cuando se redactó, la distribución territorial y un largo etcétera.

—¿Y por qué no se ponen a ello?

—Ay, amigo mío, eso es harina de otro costal.

 

lunes, 8 de septiembre de 2025

VERANO Y BOLAÑO

Últimos días del verano, cae la tarde de un día templado y bonancible que se ha metido en borias -quizás las cabañuelas-, y deja caer unas gotas, gordas y ruidosas que refrescan el ambiente.

Pienso que hay que preparar leña para el invierno, aunque quizás no sea necesario si el cambio climático sigue haciendo de las suyas, aguardaremos hasta ver que cara trae el otoño.

Recuerdo con nostalgia los días pasados en Blanes, ese precioso pueblo de la Costa Brava que fue patria de Roberto Bolaño durante un tiempo y que solo ha tenido con él el detalle mínimo de dedicar a su recuerdo una sala de la biblioteca pública que visitaba con frecuencia. Gerona, sin embargo, le dedicó una calle.

Bolaño tuvo mala suerte con su hígado que le impidió cumplir los cincuenta y uno en el 2003, a pesar de lo cual dejó tras de sí una importante obra poética y narrativa sin contar con la torrencial novela 2666, cuyo título parece una referencia al nombre de la bestia en la que cree tanta gente. Fue un chileno comprometido, además de con la literatura, con la política de su país, al que viajó para sumarse al movimiento de Allende y tuvo la mala suerte de encontrarse con Pinochet cuando llegó después de atravesar Méjico con medios precarios y toda suerte de fatigas. Para nosotros fue una suerte porque eso lo trajo a Cataluña, primero al Raval de Barcelona y luego a Blanes donde vivió -junto a su mujer, sus hijos y las estrecheces que lo persiguieron siempre-, sus últimos años. Nos dejó un hermoso patrimonio –Los detectives salvajes, El gaucho insufrible, Sensini, La literatura nazi en América, Estrella distante y otras varias que no cito…, artículos y cuentos- del que le seremos deudores para siempre.

Si tuvo suerte -y justicia- con los premios que reconocieron su calidad literaria –Herralde (1958), Ciudad de Irún, Kutxa Ciudad de San Sebastián, Municipal de Santiago de Chile, Salambó (póstumo)….- que paliaron en los últimos tiempos sus dificultades económicas.

Nostalgia veraniega, nostalgia literaria…