—Abuelo, pensando en lo que me dijiste el ultimo día, ¿la política municipal también es así?
—Toda la política
de hoy día es muy parecida, sino que la municipal tiene rasgos ligeramente
diferentes por ser más cercana. El problema se produce cuando la política
cercana se plantea como si se tratara de la de los grandes partidos en los que
son los líderes nacionales los que encabezan la campaña y los que buscan el
voto. Eso es una falacia que no deberíamos consentir, otra perversión del
sistema. En la política municipal, y aún en la autonómica, debería primar la
buena administración por encima de las ideas políticas.
—Pero, en
definitiva, cada partido tiene un ideario y una forma diferente de entender la
sociedad.
—Sin duda, pero
en un pueblo de quince o veinte mil habitantes, pongo por caso, lo que les
interesa a los vecinos es que los recursos de que dispone su ayuntamiento se
administren bien, se dediquen a obras realmente necesarias, se implemente la
sanidad, se dote a colegios e institutos de los medios necesarios, se mantenga
la limpieza de las calles, se garantice la seguridad y la igualdad. Con
independencia del partido que ostente el poder, esas han de ser tareas comunes
a cualquiera de ellos y por las que los ciudadanos que los juzguen les permitan
seguir gobernando o los envíen al ostracismo.
—Eso si hay un
partido que tenga mayoría.
—No exactamente,
cada día se está apreciando con mayor frecuencia que se puede gobernar con un
partido en minoría, lo que obliga a pactos y tratos en los que han de
participar todos los representantes del vecindario o la ciudadanía. Así se hubieran
evitado proyectos megalómanos e inútiles como los muchos aeropuertos que proliferaron
en su momento en las Comunidades Autónomas gobernadas por mayorías y que ahora
no se sabe qué hacer con ellos.
—Pero los
ayuntamientos no pueden hacer aeropuertos.
—Desde luego que
no, si pudieran, seguro que alguno se atrevía, pero lo que sí pueden hacer,
cuando disponen de mayoría absoluta, es dejarse tentar por el clientelismo, y
revivir el viejo sistema caciquil que tanto mal ha hecho a este país. El poder
absoluto corrompe absolutamente y no tener que dar cuentas de nada es muy
peligroso.
—Abuelo, volvemos
al principio. Si la ciudadanía o el vecindario o como quiera que quieras
llamarlo decide dar la mayoría a un partido, no hay nada que objetar.
—Desde luego que
no, el respeto a la decisión de las urnas es incuestionable, igual de
incuestionable que el derecho de los partidos a los que las urnas han mandado a
la oposición de mantenerse vigilantes y activos con la gestión municipal o
autonómica, en defensa de los ciudadanos que los han votado, con el mismo
derecho que a los demás.
—Pero en un
consistorio autonómico con mayoría absoluta, poco puede hacer la oposición.
—Desde luego, ese
es el punto álgido de la cuestión, si el partido en el gobierno lo hace bien,
estupendo, pero si lo hace mal no hay posibilidad de hacerlos enmendar la
plana. Por eso te decía yo que no están los tiempos para mayoría absolutas.
—Pero si las
urnas la conceden…
—Pues a aceptarla
y a hacer lo que en buena lid corresponda.






