lunes, 6 de abril de 2026

CHARLAS CON ALEX, VII Politica municipal

 

—Abuelo, pensando en lo que me dijiste el ultimo día, ¿la política municipal también es así?

—Toda la política de hoy día es muy parecida, sino que la municipal tiene rasgos ligeramente diferentes por ser más cercana. El problema se produce cuando la política cercana se plantea como si se tratara de la de los grandes partidos en los que son los líderes nacionales los que encabezan la campaña y los que buscan el voto. Eso es una falacia que no deberíamos consentir, otra perversión del sistema. En la política municipal, y aún en la autonómica, debería primar la buena administración por encima de las ideas políticas.

—Pero, en definitiva, cada partido tiene un ideario y una forma diferente de entender la sociedad.

—Sin duda, pero en un pueblo de quince o veinte mil habitantes, pongo por caso, lo que les interesa a los vecinos es que los recursos de que dispone su ayuntamiento se administren bien, se dediquen a obras realmente necesarias, se implemente la sanidad, se dote a colegios e institutos de los medios necesarios, se mantenga la limpieza de las calles, se garantice la seguridad y la igualdad. Con independencia del partido que ostente el poder, esas han de ser tareas comunes a cualquiera de ellos y por las que los ciudadanos que los juzguen les permitan seguir gobernando o los envíen al ostracismo.

—Eso si hay un partido que tenga mayoría.

—No exactamente, cada día se está apreciando con mayor frecuencia que se puede gobernar con un partido en minoría, lo que obliga a pactos y tratos en los que han de participar todos los representantes del vecindario o la ciudadanía. Así se hubieran evitado proyectos megalómanos e inútiles como los muchos aeropuertos que proliferaron en su momento en las Comunidades Autónomas gobernadas por mayorías y que ahora no se sabe qué hacer con ellos.

—Pero los ayuntamientos no pueden hacer aeropuertos.

—Desde luego que no, si pudieran, seguro que alguno se atrevía, pero lo que sí pueden hacer, cuando disponen de mayoría absoluta, es dejarse tentar por el clientelismo, y revivir el viejo sistema caciquil que tanto mal ha hecho a este país. El poder absoluto corrompe absolutamente y no tener que dar cuentas de nada es muy peligroso.

—Abuelo, volvemos al principio. Si la ciudadanía o el vecindario o como quiera que quieras llamarlo decide dar la mayoría a un partido, no hay nada que objetar.

—Desde luego que no, el respeto a la decisión de las urnas es incuestionable, igual de incuestionable que el derecho de los partidos a los que las urnas han mandado a la oposición de mantenerse vigilantes y activos con la gestión municipal o autonómica, en defensa de los ciudadanos que los han votado, con el mismo derecho que a los demás.

—Pero en un consistorio autonómico con mayoría absoluta, poco puede hacer la oposición.

—Desde luego, ese es el punto álgido de la cuestión, si el partido en el gobierno lo hace bien, estupendo, pero si lo hace mal no hay posibilidad de hacerlos enmendar la plana. Por eso te decía yo que no están los tiempos para mayoría absolutas.

—Pero si las urnas la conceden…

—Pues a aceptarla y a hacer lo que en buena lid corresponda.

domingo, 5 de abril de 2026

CHARLAS CON ALEX, VI. Constitución

 

—Abuelo, me dijiste que la Constitución actual necesita una urgente revisión y me dejaste perplejo ¿No es ese el papel del legislador? ¿No están para eso nuestros diputados —y diputadas— a los que mantenemos en cómodas residencias en Madrid con salarios más que dignos?

—Pues sí, pero resulta que, para una revisión constitucional, según dice la vigente en su artículo 167, se requiere un acuerdo de las tres quintas partes de ambas cámaras, lo que parece hoy inalcanzable. Nadie se atreve a ponerle el cascabel al gato. Con el guirigay que hay en el Congreso, me parece que tenemos Constitución para rato.

—Eso no es bueno, las constituciones tienen que ser un elemento vertebrador y ágil, si no se vuelven inoperantes y pueden hacer más daño que beneficio.

—Claro, por eso los ingleses no la tienen escrita y así no hay problema.

—Bueno, tienen su Carta Magna.

—Sí, pero es de la época de Juan sin Tierra, en 1215 y tampoco está vigente. Los ingleses se rigen por las normas y leyes del parlamento, por el derecho consuetudinario y por el conjunto de normas que llaman constitución no codificada. Los que lo tuvieron más claro fueron los americanos. En 1787 se proclamó su Constitución como un documento inamovible. No me resisto a recordarte el comienzo porque me parece uno de los textos fundamentales más hermosos, sobre todo teniendo en cuenta el momento histórico de que se trata: Nosotros, el pueblo de los Estados Unidos, a fin de formar una unión más perfecta, establecer justicia, asegurar la tranquilidad interior, proveer a la defensa común, promover el bienestar general y asegurar para nosotros mismos y para nuestros descendientes los beneficios de la libertad, proclamamos e instituimos esta Constitución para los Estados Unidos de América.

—¡Abuelo, que eso ya lo sabía, está por todas partes!

—Bueno, no seas tan sabihondo, nunca es malo repetir las cosas, lo que abunda no daña. En lo que quería insistir es en que arbitraron un sistema estupendo para que la Constitución no se les quedara anticuada ni tuvieran dificultades para modernizarla si no se ponían de acuerdo como nos pasa a nosotros ahora, y es ir añadiéndole enmiendas para cada caso, así es más fácil lograr un consenso en asuntos puntuales y la cosa funciona estupendamente. Creo que van por la enmienda numero veintisiete.

—¿Y por qué no se hace algo parecido en España?

—Es lo que habría que preguntar a nuestros políticos, pero de momento no es tema que les preocupe, bastante tienen con sacar adelante el día a día y parapetarse contra los disparos de la oposición. Sobre todo, ahora que se avecinan elecciones y están todos enloquecidos porque se juegan muchos puestos de trabajo y, sobre todo, muchos asuntos, y muy serios en lo que se refiere a temas fundamentales: las libertades, la sanidad, la educación, las pensiones, y, sobre todo, la economía. Si la economía no va bien, nada puede ir bien. Ya sabes que “donde no hay harina, todo es mohína”.

—¡Abuelo, pareces más catalán que yo!

—Algo se me habrá pegado después de tantos años.

 

sábado, 4 de abril de 2026

CHARLAS CON ALEX, V. Republica

 

—Abuelo, volviendo a lo del otro día, le eché un vistazo a la Política y en una nota a pie de página dice que la mejor Constitución es una aristocracia mixta, una mezcla de aristocracia, oligarquía y democracia; o bien una politeia, mezcla de oligarquía y de democracia que puede resumirse como “republica”.

—Esa era una palabra que estaba proscrita en mis tiempos, fíjate tú que cosas. Hoy por fortuna se habla de ella con la mayor naturalidad, hay debates sobre monarquía o república y es muy posible que, andando el tiempo llegues a ver a esa señora más de cerca. Pero a lo que vamos de las mezclas: me gustan, como los perros de mil razas que tienen un poco de todas ellas y suelen ser listos y capaces de adaptarse a cualquier situación. Por eso no me gustan los gobiernos con mayoría absoluta ni las dictaduras de cualquier clase que sean.

—Pero si no hay una clara voluntad que mande, es difícil llevar a cabo un proyecto político.

—Es difícil pero no imposible, ahí radica el mérito del quehacer político: en aunar voluntades, escucharse unos a otros, tomar en cuenta las opiniones de los demás, aunque sean discrepantes de las nuestras —siempre que estén dentro de la legalidad— y en llegar mediante pactos y consensos a acuerdos en los que se sientan reflejados todos los ciudadanos, sea de la tendencia que sea. Eso es mucho más complicado y requiere más categoría y cintura política que gobernar con el “ordeno y mando” como se hace en las dictaduras.

—A mí eso de las dictaduras me suena a cuento chino.

—Precisamente, ahí tienes a China con una dictadura, del proletariado o de lo que sea, un tipo de gobierno sin libertades y con terribles carencias democráticas y sin embargo se ha puesto a la cabeza del mundo en temas económicos y están colonizando media África. Observa la paradoja. A lo mejor si le preguntáramos a un chino si prefería morirse de hambre como antes o comer todos los días tres veces, aunque tenga menos libertad, nos sorprendía su respuesta.

—La próxima vez que vaya a un restaurante chino lo pregunto.

—Prueba, pero me da que son demasiado discretos y tienen bastante con buscarse la vida en un país tan alejado del suyo para meterse en más conflictos. Cíñete al estudio de la Constitución y no le busques tres pies al gato.

—Será de las constituciones, porque en este país, después de las monarquías absolutas, llevamos unas cuantas.

—Y tanto, nada menos que ocho: la famosa “Pepa” de Cádiz que inauguró la serie, y luego las de 1834, 1837, 1845, 1869, 1876, 1931 y por fin, la vigente desde 1978. Unas duraron más y otras menos.

—La actual es de las que más ha durado, ¿no?

—Si no contamos la de la Restauración de 1876, sí. El problema de las constituciones es que, como todo lo humano, necesitan prudentes y periódicas revisiones. Sólo los libros sapienciales permanecen incólumes a través del tiempo. Por eso tienen tantas dificultades para irse adaptando a la actualidad.

—¿Quieres decir que nuestra Constitución actual necesita una revisión?

—Desde luego. Es más, te diría que la pide a gritos. Hay muchos temas que ya han quedado obsoletos, empezando por la monarquía, la relación con la iglesia católica y otras confesiones que no tenían presencia en nuestro país cuando se redactó, la distribución territorial y un largo etcétera.

—¿Y por qué no se ponen a ello?

—Ay, amigo mío, eso es harina de otro costal.