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domingo, 5 de abril de 2026

CHARLAS CON ALEX, VI. Constitución

 

Alex es un chico con inquietudes. Está en su segundo curso de políticas. Sospecho que milita en algún partido de izquierdas, aunque se muestra retraído y misterioso al respecto. Por fortuna tiene interés en aprender y sospecho que desarrolla un cierto espíritu crítico. Mis charlas con él son ilustrativas para ambos.

—Abuelo, me dijiste que la Constitución actual necesita una urgente revisión y me dejaste perplejo ¿No es ese el papel del legislador? ¿No están para eso nuestros diputados —y diputadas— a los que mantenemos en cómodas residencias en Madrid con salarios más que dignos?

—Pues sí, pero resulta que, para una revisión constitucional, según dice la vigente en su artículo 167, se requiere un acuerdo de las tres quintas partes de ambas cámaras, lo que parece hoy inalcanzable. Nadie se atreve a ponerle el cascabel al gato. Con el guirigay que hay en el Congreso, me parece que tenemos Constitución para rato.

—Eso no es bueno, las constituciones tienen que ser un elemento vertebrador y ágil, si no se vuelven inoperantes y pueden hacer más daño que beneficio.

—Claro, por eso los ingleses no la tienen escrita y así no hay problema.

—Bueno, tienen su Carta Magna.

—Sí, pero es de la época de Juan sin Tierra, en 1215 y tampoco está vigente. Los ingleses se rigen por las normas y leyes del parlamento, por el derecho consuetudinario y por el conjunto de normas que llaman constitución no codificada. Los que lo tuvieron más claro fueron los americanos. En 1787 se proclamó su Constitución como un documento inamovible. No me resisto a recordarte el comienzo porque me parece uno de los textos fundamentales más hermosos, sobre todo teniendo en cuenta el momento histórico de que se trata: Nosotros, el pueblo de los Estados Unidos, a fin de formar una unión más perfecta, establecer justicia, asegurar la tranquilidad interior, proveer a la defensa común, promover el bienestar general y asegurar para nosotros mismos y para nuestros descendientes los beneficios de la libertad, proclamamos e instituimos esta Constitución para los Estados Unidos de América.

—¡Abuelo, que eso ya lo sabía, está por todas partes!

—Bueno, no seas tan sabihondo, nunca es malo repetir las cosas, lo que abunda no daña. En lo que quería insistir es en que arbitraron un sistema estupendo para que la Constitución no se les quedara anticuada ni tuvieran dificultades para modernizarla si no se ponían de acuerdo como nos pasa a nosotros ahora, y es ir añadiéndole enmiendas para cada caso, así es más fácil lograr un consenso en asuntos puntuales y la cosa funciona estupendamente. Creo que van por la enmienda numero veintisiete.

—¿Y por qué no se hace algo parecido en España?

—Es lo que habría que preguntar a nuestros políticos, pero de momento no es tema que les preocupe, bastante tienen con sacar adelante el día a día y parapetarse contra los disparos de la oposición. Sobre todo, ahora que se avecinan elecciones y están todos enloquecidos porque se juegan muchos puestos de trabajo y, sobre todo, muchos asuntos, y muy serios en lo que se refiere a temas fundamentales: las libertades, la sanidad, la educación, las pensiones, y, sobre todo, la economía. Si la economía no va bien, nada puede ir bien. Ya sabes que “donde no hay harina, todo es mohína”.

—¡Abuelo, pareces más catalán que yo!

—Algo se me habrá pegado después de tantos años.

 

martes, 18 de julio de 2023

CHARLAS CON ALEX, IV. Aristóteles

 

Alex es un chico con inquietudes. Está en su segundo curso de políticas. Sospecho que milita en algún partido de izquierdas, aunque se muestra retraído y misterioso al respecto. Por fortuna tiene interés en aprender y sospecho que desarrolla un cierto espíritu crítico. Mis charlas con él son ilustrativas para ambos.

—Abuelo, no me quedó claro lo de Aristóteles, le he dado un repaso a la Política y todavía se me ha hecho más espeso el asunto.

—Vaya, me alegro de que nuestras charlas te susciten la consulta a las fuentes, ¿a qué conclusiones llegas, mi joven amigo?

—Pues, para empezar, renuevo mi sensación de asombro. Que un señor de hace dos mil cuatrocientos años sea capaz de darnos lecciones de democracia aprovechables todavía, me parece algo digno de consideración. Claro que dice cosas que hoy día serían más que denostadas.

—¿Por ejemplo?

“Y también en la relación entre macho y hembra, por naturaleza, uno es superior y otro inferior, uno manda y otro obedece. Y del mismo modo ocurre necesariamente entre todos los hombres” (referido a Esparta). Imagina si esto lo oye un o una feminista. O este otro referido a la esclavitud: “Está claro que unos son libres y otros esclavos por naturaleza, y que para estos el ser esclavos, es conveniente y justo”.

—Tú mismo acabas de recordar que eso se dijo hace muchos años, la sociedad de entonces no tenía nada que ver con la de ahora, ni siquiera estaba en nuestro espacio geográfico y sin embargo, algunas de sus sentencias y recomendaciones tienen una gran vigencia en nuestros días, por ejemplo esta, en la que no sé si habrás reparado: “Unos gobiernan y otros son gobernados alternativamente”, que nos retrotrae al principio de nuestra conversación, cuando echábamos un vistazo a la forma de gobernar en democracia.

—La Política de Aristóteles es muy extensa y para desentrañarla se necesita un estudio especializado, incluso recurrir a aproximaciones.

—Desde luego, eres afortunado, tienes mucho tiempo por delante y si pones el interés y el esfuerzo necesarios, llegarás a conclusiones interesantes que te ayuden a encontrar el camino adecuado en la vida. Y no es tan farragoso el libro como parece, se limita a estudia las diversas formas de gobierno que el autor conoce de los pueblos de su entorno, las compara y hace un análisis de sus ventajas y desventajas teniendo en cuenta las diferentes constituciones.

—Eso me ha sorprendido, creía que el asunto de la Constitución era relativamente moderno.

—¡Que va! Piensa que desde el origen de los tiempos los estados han necesitado regirse por leyes y códigos. Ahí tienes el de Hammurabi, rey de Mesopotamia, del año 1750 a.C. que recogía un conjunto de 282 leyes.

—Ese no fue el primero.

—Efectivamente, pero fue el más recordado y el que tuvo mucha influencia en culturas superiores.

—Por ejemplo, en la judía.

—¿Lo dices por lo del ojo por ojo?

—Sí, y por la influencia que ha tenido desde entonces, en realidad es un llamamiento a la venganza pura y dura que resulta un pensamiento muy extendido hasta la actualidad. Todo el mundo pretende vengarse de la agresión o del insulto, nadie se queda conforme con las sentencias judiciales: al que gana le parece que le han dado menos de lo que merecía, y el que pierde, no te digo.

—Las personas son las mismas y se comportan de forma parecida desde Hammurabi hasta nuestros días.

—Eso parece, pero no me has aclarado lo de la Constitución.

—Es tarde, lo dejaremos para otro día.

—Vale.

 

 

 

 

 

 

lunes, 19 de junio de 2023

CHARLAS CON ALEX, I. Democracia

Alex es un chico con inquietudes. Está en su segundo curso de políticas. Sospecho que milita en algún partido de izquierdas, aunque se muestra retraído y misterioso al respecto. Por fortuna tiene interés en aprender y sospecho que desarrolla un cierto espíritu crítico. Mis charlas con él son ilustrativas para ambos.

—Abuelo ¿Qué opinas de esta democracia? Siempre me has dicho que la inventaron los griegos y que es el mejor método de gobierno que se conoce.

—Habré dicho el que se conoce hasta ahora, a lo mejor mañana se descubre otro que supere a este. Ten en cuenta que nuestras diferencias con las democracias griegas, como el tiempo que nos separa de ellas, es abismal. Aristóteles, al que ya conoces, habla en su Política de las distintas formas de gobierno y se decanta por la democracia, pero ya sabes lo que era la democracia en su tiempo, tenían derecho a voto los que poseían tierras o peculio y pare usted de contar. Ni los pobres, ni los esclavos y mucho menos las mujeres.

—Pues vaya democracia.

—Por eso te digo, cada cosa hay que adaptarla a su tiempo, a su lugar y al entorno sociopolítico en que se desenvuelve. En este país no podemos hacer abstracción del entorno en el que estamos situados.

—Europa.

—Exacto, para bien o para mal —ya no es momento de considerarlo— somos parte integrante de la Comunidad Europea y las directivas que emanan de allí son de obligado cumplimiento.

—Pero entonces le hemos cedido nuestra capacidad de decisión.

—En parte sí, es el precio que hay que pagar, como hay que pagar un precio por tener seguridad. A cambio, se ceden parcelas de libertad. Las cámaras de seguridad son un atentado a la libertad, sin embargo, nos protegen de las barrabasadas de los malos. Lo uno por lo otro. El secreto está, como en casi todo, en el equilibrio.

—Entonces, ¿es necesario un Estado autoritario?

—Depende de lo que entiendas por Estado autoritario. Es preciso que haya autoridad, porque si no, por desgracia, esto sería un desmadre.

—¿Homo homini lupus?

—Hombre no tanto, pero por simple estadística, por cada x personas honradas hay un número Ɛ de chorizos o maleantes, el mismo número que fijaba el profesor Cipolla para el de inútiles en cualquier colectivo, el mismo que existe entre los políticos que han alcanzado su nivel de incompetencia según el principio de Peter.

—Pues tenemos un problema si el voto de cada uno de los ciudadanos vale lo mismo, siendo así que sus categorías mentales, sus estudios, su formación y su criterio son muy diferentes.

—Claro, pero hay un principio irrenunciable de la democracia: “Una persona, un voto”.

—Entonces, estamos un poco atrapados en nuestras propias normas ¿no?

—Estamos.