Alex es un
chico con inquietudes. Está en su segundo curso de políticas. Sospecho que
milita en algún partido de izquierdas, aunque se muestra retraído y misterioso
al respecto. Por fortuna tiene interés en aprender y sospecho que desarrolla un
cierto espíritu crítico. Mis charlas con él son ilustrativas para ambos.
—Abuelo ¿Qué opinas de esta democracia? Siempre me has dicho que la inventaron los griegos y que es el mejor método de gobierno que se conoce.
—Habré dicho el que se conoce hasta ahora, a lo mejor mañana se descubre otro que supere a este. Ten en cuenta que nuestras diferencias con las democracias griegas, como el tiempo que nos separa de ellas, es abismal. Aristóteles, al que ya conoces, habla en su Política de las distintas formas de gobierno y se decanta por la democracia, pero ya sabes lo que era la democracia en su tiempo, tenían derecho a voto los que poseían tierras o peculio y pare usted de contar. Ni los pobres, ni los esclavos y mucho menos las mujeres.
—Pues vaya democracia.
—Por eso te digo, cada cosa hay que adaptarla a su tiempo, a su lugar y al entorno sociopolítico en que se desenvuelve. En este país no podemos hacer abstracción del entorno en el que estamos situados.
—Europa.
—Exacto, para bien o para mal —ya no es momento de considerarlo— somos parte integrante de la Comunidad Europea y las directivas que emanan de allí son de obligado cumplimiento.
—Pero entonces le hemos cedido nuestra capacidad de decisión.
—En parte sí, es el precio que hay que pagar, como hay que pagar un precio por tener seguridad. A cambio, se ceden parcelas de libertad. Las cámaras de seguridad son un atentado a la libertad, sin embargo, nos protegen de las barrabasadas de los malos. Lo uno por lo otro. El secreto está, como en casi todo, en el equilibrio.
—Entonces, ¿es necesario un Estado autoritario?
—Depende de lo que entiendas por Estado autoritario. Es preciso que haya autoridad, porque si no, por desgracia, esto sería un desmadre.
—¿Homo homini lupus?
—Hombre no tanto, pero por simple estadística, por cada x personas honradas hay un número Ɛ de chorizos o maleantes, el mismo número que fijaba el profesor Cipolla para el de inútiles en cualquier colectivo, el mismo que existe entre los políticos que han alcanzado su nivel de incompetencia según el principio de Peter.
—Pues tenemos un problema si el voto de cada uno de los ciudadanos vale lo mismo, siendo así que sus categorías mentales, sus estudios, su formación y su criterio son muy diferentes.
—Claro, pero hay un principio irrenunciable de la democracia: “Una persona, un voto”.
—Entonces, estamos un poco atrapados en nuestras propias normas ¿no?
—Estamos.

Creo que la forma de mejorar lo que entendemos por DEMOCRACIA, es consiguiendo mayores niveles de “educación, formación y cultura” en la ciudadanía.
ResponderEliminarPor ahí va la cosa.
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