2026. SICILIA
El perfil de la isla es montañoso, con una prolongación de los Apeninos que los lugareños llaman la montaña lunga, el centro y el sur están compuestos por colinas entre las que discurren valles de extraordinaria feracidad, las montañas, sin embargo, carecen de cualquier clase de arbolado natural, quizás debido a las deforestaciones ancestrales. La isla está situada entre las placas tectónicas euroasiática y africana, lo que la hace proclive a terremotos y actividad volcánica. Entre los primeros se encuentra el de Messina del año 1908 de magnitud 7,1 en la escala de Richter que destruyó las ciudades de Messina y Regio de Calabria con más de 80 000 muertos. Entre los segundos, los volcanes Vulcano, Estromboli y Etna que se encuentran en periodo de actividad “durmiente”.
Breve repaso histórico:
Quizás la fama como destino turístico de la isla tenga su origen en el fenómeno conocido como Grand Tour, que pusieron de moda los jóvenes adinerados europeos del siglo XIX como elemento de conocimiento y cultura, y la popularidad que le supuso el Viaje a Italia de Goethe que la convirtió en etapa obligada.
La isla ha estado habitada desde la prehistoria, como atestiguan los restos paleolíticos de la zona de Trapani y del Neolítico en Termini Inmerse. En el III milenio AEC. habitaron la isla los sicanos y a mediados del II milenio los sículos. Los fenicios la ocuparon a partir del siglo IX AEC. y en los siglos siguientes fue colonizada por los griegos que fundaron Siracusa (733 AEC.) y Catania (siglo VIII AEC.). A partir del siglo V AEC. comenzó la penetración cartaginesa, fue la época de los tiranos (palabra que entonces no tenía el significado actual) de Siracusa, Dionisio el viejo, Dionisio el joven, Dion, Timoleón, que convirtieron a la isla en un próspero imperio.
Hacia 264-146 AEC, durante las Guerras Púnicas, Sicilia, salvo Siracusa, fue conquistada por los romanos y más tarde se alió con Cartago contra ellos. Los romanos la conquistaron de nuevo en 212 AEC. sin que le valieran para impedirlo los inventos de Arquímedes que murió en su defensa. La isla pasó a convertirse en provincia romana. Todos los imperios acaban cayendo y el romano no fue una excepción, después del 476, los vándalos, los hérulos y los ostrogodos la ocuparon y saquearon sucesivamente hasta que, en 535 Belisario, comandante de las fuerzas bizantinas la incorporó al Imperio de Oriente durante cuatro siglos. También ese imperio cayó y a partir del siglo VII los sarracenos del norte de África intensificaron su presión sobre la isla constituyendo el emirato de Sicilia entre los años 822 y 902. En 1061 Sicilia fue conquistada por los normandos capitaneados por los hermanos Guiscardo, Roberto y Roger que recibió del papa Alejandro II el título de conde de Sicilia. En 1130 su descendiente Roger II unificó el sur de Italia y la isla de Sicilia obteniendo del papa el título de rey de Las Dos Sicilias hasta que el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Enrique VI reclamó el trono como herencia de su esposa Constanza I de Sicilia, pasando a formar parte de los dominios de los Hohenstaufen hasta que Manfredo fue derrotado en la batalla de Benevento (1266) por Carlos, conde de Anjou, pasando la isla a poder de los angevinos. En 1282, en una revuelta conocida como las Vísperas sicilianas fueron expulsados los angevinos, sustituidos por la influencia de la Corona de Aragón. Pedro III de Aragón (hijo de Jaime I y Volante de Hungría) se hizo cargo de la Sicilia insular mientras que la Sicilia continental (reino de Nápoles), permanecía bajo dominio angevino. Después de unos cuantos avatares dinásticos, Fernando II de Aragón, llamado el católico recuperó Nápoles, manteniendo los dos virreinatos diferentes, hasta que, en 1713 con motivo de la guerra de Sucesión española, se entregó Sicilia a Víctor Amadeo II a título de rey, que la cambió en 1720 por Cerdeña, quedando la isla en manos del emperador austriaco Carlos VI. Por el tratado de Viena de 1725, Sicilia y Nápoles fueron entregadas a Carlos, hijo de Felipe V de España, con lo que se introdujo la dinastía Borbón en la isla.
Con esto llegamos a 1860, el Risorgimento y la expedición de los Mil (llamada de las camisas rojas) liderada por Giuseppe Garibaldi que desembarcó en Marsala derrotando a los Borbones, anexionándose de paso los enclaves pontificios de Beneveto y Pontecorvo y anunciado su dictadura en nombre del rey Víctor Manuel II (1820-1878), rey de Italia que asistido por su primer ministro conde de Cavour llevó a cabo el proceso de unificación italiana. Italia se convirtió en república en 1946 y Sicilia pasó a formar parte de una de las cinco regiones con estatuto especial. (las otras son: Cerdeña, Valle de Aosta, Trentino-Alto Adigio, y Friuli-Venecia Julia).
La historia de la isla, como vemos, es larga, enrevesada y en exceso prolija, pero conviene tenerla en cuenta para entender la variedad de caracteres tanto de sus habitantes como de sus construcciones y morfología. Han pasado por ella tantas culturas distintas que resulta comprensible la variedad y diferencia de los restos que han llegado hasta nuestros días y que hacen de la isla un muestrario riquísimo de lo que ha sido la evolución histórica del mare nostrum, de lo que en su día fuera parte de la Magna Grecia, y el reino de Las Dos Sicilias con el que España tuvo tanto que ver.
Diario de a bordo
A las 16,30 estamos en Valencia y a las 20 embarcamos después de un frugal ágape en un abarrotado aeropuerto. Resulta un acto cercano al heroísmo hacerse con una mesa donde tomar los bocadillos de que vamos provistos. El aeropuerto, después de visitar con frecuencia el de Alicante, resulta decepcionante, impropio de una ciudad como Valencia. Parece pequeño y anticuado, los paneles que avisan salidas y llegadas, pequeños y oscuros, las instalaciones pobres, añejas y nada limpias. Nos hace pensar en nuestra desdicha de Corvera. Probablemente colabora a la pobre impresión la cantidad de gente que lo abarrota. Por suerte para nosotros, el avión va medio vacío y podemos escoger sitio a placer, aunque es de una de esas compañías -Vueling- que suelen amontonar a los pasajeros como sardinas en lata. Hace poco oí decir que habían presentado un proyecto para que los pasajeros viajaran de pie, pero la entidad superior correspondiente lo había rechazado. No me consta que sea verdad, pero no me extrañaría.
Nuestro primer lugar de destino es Palermo, ciudad que es fácil asociar con la mafia, el pueblo de Corleone (con su actualizado museo sobre la mafia), el Padrino y el alcalde de la Democracia Cristiana, Vito Alfio Ciancimino, autor del saqueo de Palermo que consistió en la inundación de bloques de cemento en el centro de la ciudad que los bombardeos aliados habían destruido. Junto con otro mafioso de categoría, Tommaso Provenzano, amasó una fortuna imposible de rastrear colocada a nombres imaginarios o en bancos canadienses, lo que no le libró del macro proceso contra la mafia de 1984. Ya era tarde, el asunto se sustanció con arresto domiciliario hasta su muerte en 2002 a los 78 años víctima de un ataque al corazón incapaz de resistir tanto desasosiego.
La bandera de Sicilia se adoptó por primera vez en 1282, como consecuencia de las Vísperas Sicilianas de Palermo y se caracteriza por la presencia de los triskeles que representan la cabeza de Medusa en el centro y tres espigas de trigo que hacen alusión a la fertilidad de la tierra de la isla. Se consolidó durante la II Guerra Mundial cuando Andrea Finocchiaro Aprile lideró un movimiento independentista en colaboración con los aliados y se convirtió en bandera oficial de la Regione Siciliana en el año 2000.
Concluimos el día, después de los avatares propios del viaje en avión y el del taxi, que nos lleva al centro de la ciudad, a 30 km del aeropuerto, en un hotel ‘Il Jardino di Ballaró’, en una estrecha calleja donde el coche no puede penetrar, cerca de la más concurrida de la ciudad, Maqueda, llena de bullicio nocturno y juvenil, con unas relajantes cervezas en una terraza de la zona.
2. Palermo
Palermo es un conglomerado arquitectónico de los diversos estilos dejados por los sucesivos habitantes de la isla, desde los restos púnicos hasta casas de estilo liberty (art nouveau italiano) incluyendo residencias de estilo árabe-normando, iglesias barrocas y teatros neoclásicos. Las calles del centro son estrechas, lóbregas, sucias y con un aspecto general de abandono. Las basuras que se acumulan en los rincones o en bolsas colgadas de los alfeizares, no contribuyen a proporcionar una buena impresión. Para compensar, la circulación de vehículos a motor es de una velocidad suicida y los conductores se comportan como participantes de un mach dedicado a infringir cualquier clase de norma.
Tenemos noticia de los pobladores de épocas prehistóricas que dejaron su huella en la cueva de Addaura, complejo de tres cuevas en el Monte Pellegrino, por sus importantes pinturas rupestres, que dejamos para una próxima ocasión.
Los fenicios fundaron la ciudad en el siglo VIII AEC., Tucídides dirá de ella:
También los fenicios estaban establecidos a todo lo largo de la costa de Sicilia, pues se habían apoderado de los promontorios sobre el mar y de las pequeñas islas cercanas a la costa con vistas a su comercio con los sículos; cuando los griegos empezaron a arribar en gran número, abandonaron la mayor parte de sus asentamientos y, concentrándose, se limitaron a ocupar Motia, Solunte y Panormo en la vecindad de los élimos, tanto porque confiaban en su alianza con ellos como por el hecho de que aquél es el sitio desde donde es más corta la travesía entre Cartago y Sicilia
Tucídides, Historia de la Guerra del Peloponeso, vi.2.6
De esta época quedan algunos muros en calles del casco antiguo y restos de las necrópolis entre la Plaza Independenza y la zona del Papireto.
En Palermo, como en toda Sicilia, como en toda Italia, no es novedoso señalar que abundan los establecimientos religiosos católicos. Obligados por el tiempo de que disponemos a hacer una selección, optamos por la Catedral de la ciudad, comenzada a edificar en 1184 a instancias del arzobispo de Palermo, Gualtiero Offamigio, que quería para su ciudad un monumento religioso de categoría similar a la de Monreale, concluida aquel mismo año. La catedral, que ha sufrido numerosas alteraciones con diferentes resultados, se construyó sobre los restos de una antigua mezquita de la que quedan algunas inscripciones del Corán, que a su vez se había edificado sobre una capilla católica. Es una obra maestra de la arquitectura gótico-catalana expresada en el pórtico de tres arcos construido en el siglo XV bajo la dirección de Antonio Gambara, lo más destacable del conjunto. Alberga las tumbas de Rogelio II (1095-1145) y Federico II de Hohenstaufen (1194-1250), dos de los reyes más importantes de Sicilia y las de Enrique VI y Guillermo II. Dejamos para mejor ocasión la visita al tesoro de la catedral que guarda, entre otras curiosidades la corona de Constanza de Aragón, esposa de Federico II, y un diente junto a las cenizas de santa Rosalía, patrona de Palermo y de Torredembarra, en Cataluña. Cuentan que la santa, de familia noble, se retiró con pocos años a una cueva del monte Pellegrino donde hizo vida de eremita bebiendo agua de un arroyo y alimentándose de lo que la naturaleza le ofrecía. Murió a los 30 años (1160) y cuando se declaró una mortífera epidemia de peste en 1624 se le apareció a un cazador indicándole donde se encontraban sus reliquias. Siguiendo sus indicaciones, fueron conducidas a Palermo en procesión, se acabó la peste y se erigió un santuario en el lugar de su retiro.
Nos encaminamos a Monreale, a unos 8 km de Palermo. El autobús, que sale de la Piazza Independenza recuerda a las latas de anchoa, los pasajeros suben por la puerta de salida y van apretándose hasta perder el resuello. El auxiliar del conductor, que expende los billetes viaja cómodamente recostado en la puerta bajo un letrero que dice “Vietato appoggiarsi alla porta”. Sicilia está cerca de Túnez, Túnez cerca de Argelia, Argelia cerca de Marruecos, Marruecos cerca de España y todos en el Mediterráneo, somos primos hermanos.
El autobús nos deja a medio camino, no puede sobrepasar los límites de su circunscripción. Para enlazar con el siguiente, donde vuelven a cobrar peaje, hemos de subir una fatigosa cuesta que nos concede la posibilidad de apreciar de cerca el trafago continuo de la sociedad isleña.
Los inconvenientes del viaje se dan por buenos cuando podemos admirar la catedral con la que quiso competir el obispo Gualtiero, considerada el ejemplo más bello de la arquitectura normanda de Sicilia. Según cuenta la tradición, Guillermo II inspirado por una seráfica visión de la Virgen María, emprendió la construcción del monumento que se tardaría diez años en completar. Son de destacar la colección de mosaicos que representan historias emblemáticas del Antiguo Testamento. El claustro, cada uno de cuyos capiteles es diferente, es un tributo al arte árabe del cual Guillermo II era ferviente admirador. En uno de sus capiteles está representado él mismo ofreciendo la catedral a la Virgen.
De vuelta a Palermo, nos decidimos por uno de los muchos restaurantes abarrotados dentro del mercato di Ballaró donde se exhiben toda clase de apetitosos platos de marisco recién cocinados. La comida no nos decepciona, calamares, mejillones al vapor, caponara y espaguetis al gusto de cada uno. Un relajado café en el ‘Morocco’, frente a la fachada de la Catedral, con vistas a la fallera carreta de Sta. Rosalía, pone punto final a nuestro primer día en Sicilia. Los canoni del establecimiento, que nos habían anunciado como extraordinarios, son decepcionantes y el limoncello que nos prometíamos exuberante y genuino, un aguachirle con soda.
2. Palermo-Cefalú- Santa Venerina
Cefalú es muy visitada por su atractiva y larga playa y por el encanto de su ciudad medieval donde se rodó la película Cinema Paradiso. Un largo recorrido a pie nos lleva a visitar el antiguo lavadero donde el agua sigue fluyendo indiferente a los siglos y a los muchos visitantes que abarrotan la ciudad, y el Duomo con aires de fortaleza normanda, otra de las joyas de estilo árabe-normando habituales de Sicilia, en cuyo interior se encuentran los mosaicos bizantinos más antiguos y mejor conservados de la isla.
Una larga autovía con imprevisibles restricciones de velocidad anunciada por sorpresivos carteles que nadie respeta, nos lleva, después de más de 200 km, hasta las faldas del Etna nevado con su permanente penacho humeante, avisó a navegantes que previene de lo leve que es el sueño de los gigantes de estómago ardiente. El alojamiento rural que debe acogernos durante los próximos días es todo lo rural que su nombre indica, en medio de una vegetación exuberante y húmeda donde el poso de los años permanece en las instalaciones de forma indeleble. Situado en el pequeño pueblo de Santa Venerina, lo regenta un matrimonio de naturales. Él, Cesare, ella menos visible, dos perros, uno pardo y otro negro amables y juguetones. Lo han bautizado como “la casa di Pippinitto”, una república democrática, me aclara Cesare. Repartidas alrededor del conjunto principal, hay varias dependencias. A la hora del desayuno, abundante hasta el exceso con exquisitos productos naturales, aparecen en el comedor ampliamente acristalado otras dos familias de huéspedes. Los excesos de la cena, hacen que se restrinjan los honores que merece el condumio.
4. Santa Venerina- Taormina
Dispuestos a recorrer los alrededores, salimos en dirección Taormina. Es sábado y la afluencia de turistas notable, aunque en estos tiempos el turismo ha proliferado de tal suerte que aquellos lugares exóticos de naturaleza virgen apenas hollados como no fuera por los pies de los naturales, han desaparecido. Aun así, Taormina conserva el encanto de su privilegiada situación geográfica que nos hace rememorar las aventuras de Ulises en su largo viaje por el punto vinoso que ahora contemplan nuestros ojos, el fantástico periplo, quien sabe si imaginado por Homero o sus antecesores, del héroe troyano “fértil en ardiles”, capaz de acabar con los voraces pretendientes de su esposa en una noche de masacre bien organizada.
Ya en Taormina, comprobamos que no en vano es considerada el destino más sofisticado de la isla, un descanso frente a la puerta de Sicilia me permite compartir banco con un grupo de omnipresentes japoneses quien sabe si atraídos hasta aquí por las aventuras del héroe griego, que deben resultar tan exóticas para ellos como para nosotros las historias de los Shogun o los samuráis dispuestos a abrir en canal a cualquiera o a hacerse el Harakiri antes que ser deshonrados.
La historia de Taormina, como la de toda Sicilia, se remonta a época griega y aún más atrás. Diodoro Sículo (S. I AEC) en su bibliotheca histórica, afirma que los siculos habitaban la fortaleza de Taormina y vivían de la agricultura y la ganadería. Después llegarían los griegos, los romanos, los bizantinos, los musulmanes, los normandos, los italianos del continente y por fin los primeros turistas del siglo XIX entre los que se encontraban Goethe, D.H. Lawrence y otros muchos que dejaron el camino expedito para los que hemos seguido sus huellas.
Es inevitable el paseo a lo largo del ‘Corso Umberto I’ que conserva su aire medieval inundado de tiendas de diseño, antigüedades y Boutiques de todas clases, en muchas de las cuales no se permite entrar a desconocidos. Bordeando ‘La Torre dell’Orlogio’, llegamos a la catedral del S. XII.
El punto fuerte de Taormina es el teatro griego, comenzado en el S.III AEC y sujeto de múltiples reformas y modificaciones. El cartel de la entada nos informa de que fueron los ojos de Goethe una mañana de primavera de 1787 los primeros en recoger el profundo legado visual que debía unir el Teatro de Taormina y la ciudad antigua que yace bajo los habitáculos modernos, y que Nietzsche dijo de él que ‘La forma del teatro griego recuerda un valle de montaña solitaria’. Lo cierto es que la vista, y el paseo por el teatro resulta impresionante. Su enorme estructura, la segunda mayor de Sicilia después del de Siracusa, en forma de herradura parece suspendida entre el mar y el cielo con el Etna nevado de fondo.
Comer en Taormina es poco práctico, el turismo masivo ha propiciado que el hecho de comer se haya convertido en un mero trámite lejos del placer epicúreo que constituye un encanto añadido a cualquier viaje. El fast foot impera y es común que la gente se contente con un ‘panino’ o un trozo de pizza industrial comido apresuradamente mientras camina. Fieles a nuestro espíritu conservador, decidimos llegarnos hasta Acirreale y el vecino pueblo de pescadores, Santa María de L’Escala, donde nos ubicamos en la trattoria ‘Scalo Grande’ y nos reconciliamos con el mundo del turismo mediante unos espaguetis marineros frente al placido mar.
Después de comer, el conveniente paseo por el pueblo de Aci Reale, principal ciudad de la Riviera edificada sobre una serie de terrazas de lava que llegan hasta el mar, famosa por sus teatros de marionetas (Opera dei Pupi) y sus aguas termales. Con Aci Trezza y Aci Castello forma parte de ‘La Riviera dei Ciclopi’, región al norte de Catania jalonada por pequeños puertos de pescadores. El nombre tiene origen en la leyenda homérica según la cual los farallones de enormes rocas negras de lava solidificada que emergen del agua (Scogli dei Ciclopi) serían las rocas con que Polifemo intentaba hundir el barco de los griegos que lo habían cegado.
5. Santa Venerina - Siracusa -Noto.
La excursión a Neapolis se prolonga –el parque es inmenso- y nos vemos obligados a una parca comida de compromiso. Visita a Noto que realizamos en un pequeño ‘trenino’, trasunto del tren de la bruja de nuestra infancia, que nos pasea por un pueblo lleno de palacios y residencias señoriales apretados entre estrechas callejuelas.
Hay que ver lo que se aprende viajando, Cesare.
6. Santa Venerina -Etna- Nicolosi – Catania
Recorremos el intrincado laberinto de curvas hasta el Etna, un espectáculo impresionante con neveros perpetuos que contrastan con la lava negra que han sembrado las muchas erupciones del volcán. Impresiones parecidas a las de los miles de turistas que abarrotan el espacio donde resulta tarea heroica encontrar aparcamiento. El calor de la plana se ha esfumado, el aire es fino y cortante, aire de montaña. El horizonte que se vislumbra desde lo alto del refugio Sapienza es infinito, con el mar a lo lejos y en la plana se difuminan los campos de verdor variable. Es fácil comprender el intento del hombre por escalar los altos horizontes, quizás en un afán imposible de acercarse a la morada de los dioses imaginados.
El Etna, cuyo nombre puede rastrearse en la mitología como el de una ninfa siciliana hija de Urano, conocido también como Montgibell en catalán, es el volcán mayor de Europa y la montaña más alta de Sicilia (3357 m), aunque su altura es variable debido a las constantes erupciones que la modifican según aparezcan por cualquiera de sus múltiples vocas. La excursión es francamente atractiva, en un recorrido relativamente corto nos encontramos en un mundo diferente. La vegetación se hace escasa y la lava del volcán, negra y con relieves que evocan animales míticos, se enseñorea del lugar. A veces se vislumbran edificios medio enterrados por erupciones ancestrales que producen la sensación de que esos fenómenos pueden sucederse en cualquier instante. Llegamos hasta una de las cimas desde la que puede ascenderse hasta la boca mediante un funicular. Por suerte no funciona, lo que nos evita la disyuntiva de someternos a semejante riesgo. Nos despedimos del Etna no sin antes hacernos las fotografías de rigor y probar un aguardiente con que regalan a los turistas en la tienda de merchandaising, ‘Fuoco dell’Etna’ sin el cual nos podíamos haber pasado sin mayor frustración.
7. Santa Venerina- Catania-Palermo-Agrigento
Ruta a Agrigento, con desvío y parada en la localidad de Piazza Armerina, donde se encuentra la Villa Romana del Casale, un lugar turístico por antonomasia. La villa es impresionante, bien conservada y magníficamente organizada para atender el cúmulo de turistas que la visitan. Está pavimentada con los mejores mosaicos romanos de que se tiene constancia, que denotan la pertenencia a un palacio de categoría imperial. Un corrimiento de tierras en el S. XII sepultó la villa bajo 10 metros de barro protegiéndola de la erosión y el vandalismo durante 700 años, hasta que se iniciaron las excavaciones en la década de 1950.
Entre las muchas teorías que se barajan, sin que ninguna haya podido ser contrastada, está la de que pudiera haber sido el retiro campestre de Maximiano, coemperador de Roma durante el reinado de Diocleciano (286-305). En cualquier caso, resulta una visita imprescindible que nos interpela sobre nuestro pasado, tan cercano como para que en nuestras facultades se estudie todavía el derecho romano. Recorremos las largas pasarelas que permiten la mesurada visita por las termas, el frigidarium, las escenas de la grande y pequeña cacería y la ‘sala delle Dieci Ragazze’, donde se encuentra el mosaico más famoso de la villa. Muestra diez muchachas en ‘biquini’ preparándose para los juegos olímpicos, de donde se desprende que ni los juegos olímpicos eran totalmente masculinos ni el biquini fue invento tan reciente como creíamos.
Continuamos viaje hasta Agrigento, la antigua Akagras, en su tiempo la cuarta ciudad en importancia del mundo conocido que alberga las ruinas griegas más impresionantes de Sicilia. Píndaro dijo de ella que era ‘la ciudad más bella de todas las habitadas por mortales’ y que sus ciudadanos ‘se divertían como si no hubiera mañana’. Hoy el poeta hubiera sufrido una fuerte decepción si se decidiera a visitarla. El centro es feo, descuidado y sucio, asfixiado por un tráfico desordenado que las autopistas elevadas que cruzan la ciudad contribuyen a afear. Se salva el pequeño burgo medieval que aún conserva cierto encanto. Optamos por la inevitable visita al valle de los templos. El valle, que no lo es tanto, está situado en una posición estratégica en las montañas que circundan la ciudad. El recorrido es extenso y fatigoso, aunque merece la pena para visitar los siete templos monumentales de estilo dórico construidos a lo largo de los siglos VI y V AEC. Con excepción de Grecia, estos templos son los que mejor conservados y restaurados se conservan, Patrimonio de la Humanidad por la Unesco desde 1997.
Recorremos los templos de Hera, la Concordia, Hércules, Zeus Olímpico, Los Dioscuros y el santuario de los Dioses Ctónicos, en un trayecto que resulta tan extenuante como placentero. Como decía Napoleón, impresiona pensar que desde esas moles de piedra labrada ‘miles de años nos contemplan’.
Nuestro próximo alojamiento es una especie de palacete antiguo regentado por un obsequioso caballero que nos atiende con cariño. La decoración rococó profusame nte recargada con piano de cola que tocaba ‘la mamá’ y ha heredado nuestro anfitrión, contrasta con los modernos cuartos de baño y la herrajeria de puertas y ventanas.
Nuestro tierno amigo nos recomienda un restaurante cercano en el que ya nos ha reservado mesa. Está en el interior de una antigua bodega que le prestan un aire entre tradicional y acogedor. Suficiente.
8. Agrigento
Nuestro próximo destino es Selinunte, decidimos regalarnos con una mañana de playa y nos dirigimos a Montealegro, en la playa Bovo Marina, donde disfrutamos de unas horas de asueto y una estupenda comida marinera al borde de la inmensa playa.
Tras la sinuosa bajada, nos encontramos con las salinas de Trapani que recorre la Carretera de la Sal entre Trapani y Marsala, un paisaje llano y desnudo donde las únicas montañas son impresionantes acúmulos de sal entre viejos y destartalados molinos de viento fuera de uso. El aire sopla inclemente levantando pequeñas olas en las aguas tranquilas y fatigando los huertos de limoneros que se extienden más allá de las salinas.
Nuestro próximo alojamiento es un resort, ‘Agroturismo Don Carlo’, antiguo complejo rural muy confortable reconvertido en parador con estupendas instalaciones donde late todavía el encanto de sus antiguos menesteres campesinos, perdido entre feraces campos de olivos y viñedos.
El reposo en el bucólico enclave se agradece después de los días de incesante movimiento.
9. Selinunte-Segesta
Visitamos el templo y el anfiteatro en Segesta, la ciudad que según la tradición recogida por Tucídides, Dionisio de Halicarnaso y Estabón, fue fundada por colonos huidos de la destrucción de Troya. El templo, inacabado, es del siglo V AEC, construido en la cima que rodea la ciudad antigua. Es uno de los mejores conservados de la isla, seguramente debido a su privilegiada posición.
El teatro, también casi inaccesible en lo alto de una colina más alta que el templo, tiene capacidad para 3000 personas y su vista es impresionante.
10. Erice-Palermo-Valencia-Santomera
Nos despedimos del acogedor alojamiento rural después del desayuno para salir rumbo a nuestro último destino en Sicilia, el aeropuerto de Palermo. De allí a nuestros respectivos hogares, a digerir en la tranquilidad que nos espera, tantas emociones y recuerdos que permanecerán en nosotros para siempre. La organización ha sido un éxito, la convivencia inmejorable. La fortuna nos ha acompañado.
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