Los
calores propios de la época se van haciendo enfadosos. Solo las primeras horas
de la mañana dan un poco de respiro que los canarios aprovechan para sus
actividades en el amplio jaulón vecino a la casa. Se afanan en alimentar a los
polluelos nacidos hace pocos días y nos deleitan con sus gorjeos satisfechos, dando la bienvenida a cada nuevo día.
La
tripulación de La Tinaja siente también la comezón viajera y se apresta a
preparar armas y bagajes para ponerse en camino. ¿Hacia dónde iremos este año? Aún
queda mucha España y mucha Europa por recorrer y el auriga se somete complacido
a las indicaciones del resto de la tripulación. Objetico final: Wroclaw, dicho
en castellano Breslavia. Una buena excusa para visitar a un sobrino cuyo
espíritu aventurero y la crisis de empleo que afectó a los jóvenes de su
generación han empujado hasta allí. Herido por el Cupido local, ha encontrado feliz
acomodo en compañía de su esposa y de su hija.
Como es
habitual La Tinaja parte sin un rumbo estrictamente definido. Se apunta a un
destino más o menos difuso y el itinerario se fija a posteriori sobre la
marcha. ¡Partamos a la aventura!
TRANCO I
Santomera-San Cugat del Vallés
Camping “El Vedado”. Buenas
instalaciones, en medio de un bosque mediterráneo. Aseos e instalaciones en
buenas condiciones, sin parcelas determinadas y con mucho espacio.
Inconveniente: excesivamente caro. 56 €/d.

Una vez
aprovisionados de lo necesario y con las revisiones de rigor completadas,
un amanecer de finales de junio emprendemos la marcha, recordando una vez más
las palabras que Cervantes atribuye al manchego en su primera salida “una de
las calurosas del mes de julio”. (Quijote, Cap. II.I)
La estupenda
autovía que no abandonaremos hasta pasado Castellón, nos conduce a velocidad
constante hasta entroncar con la autopista de peaje (24 €) que no
abandonaremos hasta pasado Barcelona, rumbo al Montseny, camping “El Vedado”, viejo
conocido, donde nos instalamos. Una parada técnica en Fuente La Higuera nos
permite reparar fuerzas para la larga jornada, que se hace monótona.
Llegamos
a hora adecuada para acercarnos a comer a la cercana Granollers y aterrizamos
en “La Taverna d’en Grivé”, un lugar recomendable si no fuera por el precio
algo sobredimensionado. Primer aldabonazo de aviso: los precios fuera de casa comienzan
a ser europeos.
Después
de una imprescindible siesta reparadora, dedicamos la tarde a la familia de San
Cugat. Somera cena en Viena, frente a la estación de los Ferrocarriles
Catalanes, vecina al campo de golf, uno de los más antiguos de España. Data de
la época en que una compañía se instaló en la zona para la construcción de los
Ferrocarriles Catalanes. Sabido es que los ingleses, allá donde van llevan su
cultura y diversiones, como los romanos llevaban sus circos, anfiteatros y
cultura del agua (SPA, salus per aquam, decían).
El Sr. Pearson, que más tarde añadiría su nombre al de la Floresta —antiguo
bosque llamado can Buscarons—, fue el socio imprescindible para Carles Emili
Montañés, el ingeniero que inició el proyecto de unión de Barcelona con el
Vallés en 1908 por medio de un pequeño ferrocarril llamado Mina Grott. Aquel
fue el principio de los Ferrocarriles Catalanes que hoy unen Tarrasa y Sabadell
con Barcelona, constituyendo San Cugat el núcleo en que se bifurcan, por lo que
cuenta con una doble frecuencia de servicio.
El
proyecto original contemplaba la prolongación del ferrocarril hasta Francia a
través de Berga, pero la muerte en 1915 del Dr. Pearson que viajaba a bordo del
RMS Lusitania y fue hundido por un submarino alemán, truncó el proyecto.
La
estancia en Sant Cugat siempre es grata. Los vínculos sentimentales de la
tripulación de La Tinaja con algunos de los naturales del pueblo son lejanos en
el tiempo e indestructibles. La visita al archiconocido monasterio cuya
construcción duró desde el S. IX al XIV sobre los restos de una abadía
benedictina, es inexcusable, más si nos acompañan los nietos que se han
documentado a fondo. Alex es una mina de conocimientos, María no le anda a la
zaga y Marc, como yo, permanece atento a las explicaciones de sus hermanos.
El monasterio
que fue originariamente una abadía benedictina cuya construcción se extendió
entre los siglos IX al XIV y que junto al Pi d’en Xandrí, al que se atribuyen
más de 230 años, constituye una de las señas características del pueblo.
No hemos
tenido, en este viaje, ocasión de saludar a nuestro viejo, gran amigo y
escultor de fama internacional Pep Codó. Lo hacemos en imagen, contemplando una
de las esculturas que con tan buen criterio ha plantado el ayuntamiento en la
plaza de Gabriel Ferrater.
Después
de la visita cultural resulta imprescindible el vermut con berberechos en el
bar frente a la estación de los FF.CC., que permanece con la misma pátina
oscura y entrapizada de los tiempos en que el auriga de La Tinaja residió en su
vecindad. Allí se nos reúnen Martí y Pau, que llegan triunfantes de su partido
de basket.
TRANCO II
San Cugat-Dijon
Camping
"Dijon", grandes parcelas y mucho espacio sombrío. Buenos y limpios servicios y
excelente atención. El calor y los abundantes mosquitos son cosa propia de la
zona. 21 €/d.
Levantamos el campamento de “El
Vedado” a temprana hora y emprendemos el largo camino que nos separa de Dijon.
Exactamente 834 Km. según nos advierte la guía. La ruta se hace larga y
tediosa, únicamente compensada por los verdes paisajes que atravesamos una vez pasados
los Pirineos: Perpiñan, Beziers, Montpellier, Nimes, Lyon y por fin Dijon,
donde llegamos a media tarde y nos instalamos en el Camping Dijon, al borde del
lago que ya conocemos de anteriores visitas.

Está, como su nombre indica al
borde de un lago, el Kir, de aguas quietas y verdosas, a unos 2 km. de la
ciudad, a la que se llega por un bucólico sendero que bordea el lago. Las aguas
del lago vienen del río Ouche, afluente del Saona de la cuenca del Rodano. Como
siempre que sale uno de España en dirección norte, una de la primeras
impresiones que se convierte pronto en envidia, es la suscitada por la cantidad
de agua que nos resulta tan atractiva. Donde hay agua hay vida pero la
naturaleza ha sido demasiado cicatera, en ese aspecto, con nosotros.
Día de reposo con recorrido por
la ciudad, conocida por el especial cuidado de sus parques y jardines, que le
otorgan desde antiguo el sobrenombre de “Ciudad de las cuatro flores”.
Intentamos comer en el mercado central (Les Halles, como todos) pero cierran
los lunes. Acabamos en un chiringuito de las cercanías donde degustamos un menú
a base de babette con patatas y una
excelente tarta de manzana. Naturalmente aderezamos la carne con la abundante
mostaza que da fama a la ciudad y compramos unos cuantos tarros por la cosa del
recuerdo. Son los mismos que podemos obtener en el Mercadona del pueblo y a
precio similar. El vino, uno de los borgoñones que tanta fama tienen. Como no
somos expertos, creo que nos la han metido. Vamos, que este borgoña no resulta
nada sorprendente para los que venimos de tierra de buenos vinos.
Nos sorprende la cantidad de
gente de raza negra haciendo trabajos subalternos en obras públicas, bares y
restaurantes. Como en las películas americanas.
Dijón (unos 150.000
habitantes), pertenece a la prefectura de Borgoña-Franco Condado, situada a
orillas del río Ouche y próxima al nacimiento del Sena. De ella da noticia el
obispo e historiador Gregorio de Tours en su Historia de los francos, del siglo VI, refiriendo que estaba
rodeada por grandes murallas con cuatro puertas y 33 torres de vigía, de las
cuales se conservan muy pocas en la actualidad. Después del incomparable París,
Dijon, que fue parte del Ducado
de Borgoña, tras la batalla de Nancy fue anexionado al reino de Francia por el
rey Luis XI en 1477. Hoy forma parte de la región Borgoña-Franco Condado. La
ciudad es un importante centro cultural por el que realizamos un interesante
recorrido comenzando por la iglesia de St. Philibert, de estilo románico, la
iglesia de Notre Dame, terminada en el S.XIII y una de las principales muestras
del estilo conocido como gótico borgoñón. Visitamos la iglesia y la catedral de
San Benigno, cuya cripta data del S. XI. Pasamos por el antiguo Parlamento de Dijon,
hoy Palacio de justicia y el palacio de los duques de Borgoña, en la actualidad
Ayuntamiento y museo de Bellas artes.
Merece la pena visitar la
cartuja de Chapmol donde se encuentra el Pozo de Moisés, obra del escultor de
origen holandés, Claus Sluter nacido hacia 1350 en Aarlem, Países Bajos. Se
trata de un calvario para el claustro formado por las monumentales figuras de Moises,
David, Jeremías, Zacarias, Daniel e Isaias.
TRANCO III
Dijon-Stuttgart
Camping: Stuttgart. Una campa desolada
donde los numerosos holandeses colocan sus autocaravanas para tostarse al sol.
Por fortuna encontramos un rincón arbolado donde guarecernos. Mucho calor y
mosquitos. El resto, pasable. 27€/d.
Salimos de Dijon por una buena carretera hasta entrar en Alemania. Luego
una estupenda autovía de tres carriles que hacen la conducción fácil y
agradable. Sin embargo, a la altura de Friburgo de Brisgovia, encontramos
enormes retenciones en las que perdemos más de dos horas.
Nos instalamos en el camping y desde allí nos trasladamos a la ciudad en
un cómodo metro. La primera diferencia que se observa cuando salimos de España
es la gran aceptación y comodidad del transporte público. Esa diferencia con
nosotros, acostumbrados a tomar el vehículo particular para cualquier
desplazamiento por pequeño que sea, se hace muy notoria. Y cuanto más al norte,
más se nota un fenómeno similar: el desplazamiento en coche está “penalizado”,
dando preferencia al transporte público, la bicicleta o el peatón. Es la
pescadilla que se muerde la cola: si no hay buen transporte público o buenos
circuitos para bicicletas, la gente se acostumbra al coche y si no hay publico
suficiente para el transporte público o la bicicleta, no se arbitran esos
elementos. Puede que los tiempos de escasez que se avecinan, nos convenzan
inexorablemente de que hay que hacer un uso más racional del transporte.
El origen de Stuttgart proviene de Stutengarten (yeguada), ya que la
población originaria de la ciudad se situó en los establos del duque Liudorf de
Suabia. De ahí la yegua que aparece en su escudo, rescatado en su emblema por
los fabricantes de Porsche, oriundos de la ciudad, donde tienen un pintoresco
museo.
En Stuttgart comienzan La Selva Negra y el Jura de Suabia. A orillas del
río Neckar que atraviesa la ciudad, está situado su activo puerto.
Nos recibe una lluvia de gruesos goterones durante nuestro paseo por las
animadas calles de la ciudad, con numerosas tiendas entre las que destaca Zara.
Nos dicen que la proximidad de la Selva Negra hace que el clima sea frío, pero
por lo que podemos apreciar, en verano hace un calor que no dista demasiado del
de nuestra tierra.
Visitamos el palacio-museo de
los duques de Watemberg y la colección de cristalería desde época egipcia hasta
la Edad Media. Presenta la evolución histórica de Baden-Würtemberg desde la Edad
de Piedra hasta tiempos modernos, pasando por las diversas etapas temporales, luego
el Staatsgalerie Stuttgart que contiene pinturas desde la Edad Media hasta el S.
XIX donde están representadas todas las escuelas importantes de todas épocas y países.
Contiene pinturas del modernismo clásico anteriores a 1945 y otras contemporáneas
de Chagall, Dix, Kandisky, Cocoschka, Dalí y Picasso, del que hay una de las
colecciones más importantes de Alemania.
Para etnografía, el Linden Museum,
uno de los más importantes de toda Europa, con objetos y documentación de
diferentes culturas de todo el mundo.
Novedad de moda entre la gente
joven que apreciamos en las calles: pestañas postizas y cejas pintadas o
tatuadas, especialmente entre la gente joven.
Nos enteramos por la guía que
Stuttgart es la capital del estado federal de Baden-Wurtemberg y que es la
sexta ciudad de Alemania en población con 600.000 habitantes, de los cuales 1/3
son católicos, otro tercio protestantes, un 10% musulmanes y el resto de otras
religiones o confesiones.
Su historia se remonta a la
época romana hasta la invasión de los alamanes en el año 260. Después, los
merovingios hasta que en 945 el conde Liudolf fue el artífice de su desarrollo.
Diversos avatares y disputas
entre el condado de Baden y el marquesado de Wutemberg en el X.XIII, culminaron
en 1496 con el Condado de Wuttemberg, el principado de Wuttemberg hasta 1803 y
después de 1918, Estado libre de Wuremberg.
En 1945 la ciudad fue casi
totalmente destruida por los bombardeos aliados, pero después de la guerra se
produjo un notable incremento de la industria con la instalación de las
oficinas centrales de Daimler y Porsche. La presencia de Mercedes-Benz se manifiesta
en la estrella de la marca rotando sobre la Estación Central.
A pesar de la destrucción sufrida en la Gran Guerra, pervivieron
notables edificios y sectores de la ciudad como Weißenhofsiedlung, diseñado por Le Corbusier, Gropius y Van Der Rohe en 1927.
A destacar la Opera Nacional de Stuttgart, el museo
Mercedes Benz, el museo Porsche y la iglesia evangelista de San Juan.
Nos invitan a la fiesta de la cerveza instalada en
el recinto ferial Cannstatter Wasen, pero lamentablemente no coincidimos con su
horario a finales de septiembre.
TRANCO IV
Stuttgart-Nuremberg
Una vez instalados en el
camping nos vamos a patear la ciudad, aterrizamos en el BARFUSER donde nos
tomamos unas estupendas cervezas mientras miramos con ansia los platazos que
sirven a nuestro alrededor de chucrut, costillares caramelizados, salchichas
variadas y otras exquisiteces no aptas para veganos.
Llueve de forma inclemente
durante todo el día, con ese estilo peculiar en casi toda Europa que consiste
en la alternancia de chaparrones con breves periodos de calma, incluso de sol. Con
tanta agua, no es extraño que reine el verdor por doquier. La ciudad está
rodeada de grandes bosques y terrenos de cultivo que pueden recorrerse cómodamente
en bicicleta, pues forma parte de la red de ciclo vías europeas que unen París
y Praga.
Recurrimos a la guía para saber
que Núremberg está situada en la Franconia Media, estadio de Baviera a orillas
del río Pegnitz, que divide a la ciudad por medio de numerosos canales, y que
tiene alrededor de 600.000 habitantes.
Recorremos el hermoso casco
histórico rodeado por una muralla que data de 1325 seguramente para guardar y
defender las reliquias y las joyas del Sacro Imperio Romano Germánico de las
que fue guardiana desde 1424 hasta 1796.
Más de un 20% de la población
es de origen extranjero, de muy diversas procedencias, turcos, griegos,
polacos, sudamericanos, etc., lo que se aprecia especialmente en bares,
restaurantes y tiendas.
La ciudad de Nuremberg adquiere
relevancia entre los años 1000 y 1500 al ser centro de atención de los
emperadores del Sacro Imperio Romano Germánico, entre ellos Carlos I de España
y por celebrarse en la ciudad las asambleas llamadas Las Dietas de Nuremberg. También
por ser foco importante de la fabricación de instrumentos científicos de alta
calidad como astrolabios, compases y cuadrantes, que contribuyeron al
desarrollo de la cartografía y de los globos terráqueos que propiciaron su
desarrollo dentro del renacimiento alemán. Se consideraba a Núremberg como la "ciudad
joya" o ciudad tesoro de Alemania.
Entre otras cosas, la ciudad
obtuvo fama internacional por la ópera de Wagner “Los maestros cantores de
Nuremberg”. Cualquiera que la haya oído y sobrevivido sin mayores traumas,
sabrá de qué hablo. Fue patria también de Durero, cuya casa museo puede
visitarse en el numero 39 la calle de su nombre. Sus restos reposan en el cementerio
de San Juan, conocido allí como Johannnisfriedhof.
El casco antiguo se puede visitar cómodamente
a pie pues desde las 10,30 de la mañana hasta las 6,30 de la tarde es zona
peatonal. Nos dicen que si esperamos a navidad podremos ver su famoso mercado
que visitan más de dos millones de personas cada año, pero este año no va a
poder ser.
A pesar del notable peso de la iglesia
luterana, establecida en la ciudad por decreto en 1525, hay unas cuantas
iglesias católicas de notable belleza arquitectónica: San Sebaldo, San Jacobo, Santa
Isabel y San Lorenzo y otra serie de monumentos que conviene visitar: la fuente
maravillosa o Schöner Brunnen, la torre Spittletor, el Puente del Verdugo, la Nassaner
Haus, la torre Laufer y algun producto de la megalomanía de Hitler, el Kongresshallen
y la tribuna de Zeppelin, una réplica del palacio de Pergamo desde donde Hitler
dirigía sus incendiarios discursos a las masas expectantes y dóciles.
Aprovechamos el largo e instructivo paseo
para deleitarnos con las típicas salchichas (Nürnberger Rostbratwurst),
elaboradas en la ciudad desde el año 1300 que a pesar de su nombre impronunciable
resultan deliciosas. Nos dice la amable señora que nos las entrega dentro de un
panecillo que están hechas con carne de cerdo, tocino, sal, pimienta y orégano
asadas a la parrilla. La mezcla, más algún otro ingrediente secreto son característicos
de cada uno de los puestecillos que las ofrecen. Y debe ser verdad que hay algún
secreto en su elaboración. Nos aplicamos a descubrirlo probando en cada uno de
los puestos callejeros que nos salen al paso.
La parte oscura de la historia
de la ciudad la constituye el hecho de que fuera escogida por Adolf Hitler para
celebrar en ella los congresos del Partido Nazi, queriendo aprovechar la
simbología de la ciudad como “tesoro alemán” que poseía desde la Edad Media.
Quizás debido a esas
circunstancias, la conquista de la ciudad tenia un especial significado para
las tropas aliadas. En la batalla de Nüremberg se enfrentaron las fuerzas del séptimo
ejercito de los Estados Unidos y la Alemania Nazi y voluntarios del Ejército de
Liberación ruso. Los combates urbanos recuerdan a los de Estalingrado, casa por
casa durante cuatro días que dejaron la ciudad devastada.
En su absurda megalomanía, el
régimen nazi construyó una réplica de un tamaño doble que el Coliseo de Roma
para servir como sede a los congresos del partido nazi con capacidad para más
de 50.000 asistentes, al que según la propaganda de Goebels asistían más de un
millón de personas. Se supone que muchas deberían presenciar el evento extra
muros.
A pesar de todo esto, es fama
que los habitantes de la ciudad eran los menos proclives entre los alemanes en
identificarse con la ideología y simbología Nazi en los congresos celebrados en
el campo Zeppelin, por lo menos, eso asegura Robert Fritzsch en su obra Nümberg im Krieg im Drittem Reich 1938-1947
(7).
No es conveniente sacar ese
tema de conversación con los nativos, como no resulta adecuado lanzar un ¡viva
Murcia! en Cartagena o preguntar por la Dolores en Calatayud.
La ciudad fue duramente
castigada por los bombardeos aliados y ocupada el 20 de abril de 1945 por el
Séptimo Ejercito de los EEUU.
Ni que decir tiene
que el nombre de Nuremberg, está para siempre asociado con el de los juicios
que se celebraron, entre el 20 de noviembre de 1945 y el 1 de octubre de 1946 en
la ciudad contra los lideres nacionalsocialistas al final de la Segunda Guerra
Mundial. La película que los relata, de evidente sesgo americano, es documento
digno de tener en cuenta, especialmente por el elenco de actores que en ella
participan. También las varias series documentales que están al alcance de
todos en diferentes plataformas sobre los horrores perpetrados por los nazis de
los que no demasiada gente tuvo conocimiento hasta el final de la desdichada II
Guerra Mundial. Para entonces, la Declaración Universal de Derechos Humanos estaba
siendo redactada y quedará para siempre la controversia de si las condenas que
tuvieron como resultado aquellos juicios se ajustaban a las normas de Derecho
Internacional, entonces en mantillas, o a un afán de venganza de los países
vencedores. Ellos son, como siempre, los que escriben la historia y los que
reclamaron a los vencidos enormes compensaciones económicas que se sumaron a
las impuestas en el Tratado de Versalles de 1919 de 132.000 millones de marcos
de oro. La compensación por la II Guerra Mundial fue de 20.000 millones de dólares
pagaderos en fábricas, maquinaria, patentes, conocimientos y propiedades. La controversia
de la legitimidad de exigir compensaciones por lo que hicieron sus mayores a
las generaciones siguientes, todavía anda viva.
De
lo que no cabe duda es de que en todas las guerras, las atrocidades perpetradas
invitan a reflexionar sobre los extremos a los que puede llegar la naturaleza
humana y al peligro que representa seguir de forma ciega a un líder que puede
haber perdido la cabeza. Si el futuro de la nación está en manos de un hombre (o
mujer) y de su buen o mal criterio depende el destino de ésta, poco habremos avanzado desde las épocas en que la nación se encontraba al albur de
las decisiones de un monarca absoluto.
Quizás
a modo de compensación y en un intento de olvidar aquella época nefasta, desde
el año 1995 la ciudad de Nüremberg concede cada dos años el “Premio Internacional
de Derechos Humanos” a personas u organizaciones que promuevan y defiendan los
derechos humanos y contribuyan a la paz y comprensión intercultural dotado con 15.000
€.
Preferimos
guardar en la memoria la situación actual de la ciudad, sus hermosos
alrededores, sus acogedores locales, la excelencia de su cerveza y los
apetitosos platos que hemos degustado. Con esos recuerdos nos disponemos a
afrontar la nueva singladura, no sin antes recordar la canción de Serge Reggiani que parece venir al pelo.
https://www.youtube.com/watch?v=hVkWgksDZDI&list=RDhVkWgksDZDI&start_radio=1

TRANCO V
Nuremberg-Praga
Camping
Yacht Club Cisarská. Cerca de la ciudad, a la que se llega caminando por un
sendero a la orilla del Moldava o un pequeño trasbordador gratuito que hace
servicio constante. El camping estupendo, los servicios más bien flojos.
Instalaciones escasas y deficientes. Para nosotros, la mar de cómodo. Dos días
1158 Coronas. 23,50 €/d.
Después de instalar La Tinaja convenientemente,
nos dirigimos a la ciudad en el trasbordador de juguete patroneado por
marineros ataviados con camisetas de rayas azules horizontales como si fueran
tripulantes de un ballenero. Comemos muy bien, ya a media tarde, en un pub que
recuerda a los ingleses, Paseo muy agradable por la orilla del río.
Un Buen Día de cumpleaños de parte de la tripulación.
Coincidimos con una
concentración de Harley Davidson. La ciudad está recorrida por miles de
máquinas que forman gran estruendo y minimizan en mucho sus encantos. Hay grandes motos aparcadas por doquier, en las plazas y sobre todo
en la puerta de muchos hoteles.
Paseamos largamente y nos tomamos un Aperol
desafortunado en un restaurante flotante. El recorrido desde el camping a la
ciudad es placido y relajante por la orilla del río Moldava en el que hay
atracadas grandes barcazas que sirven de restaurantes o bares. Nos sorprenden
los altos muros que encajonan el río que parece discurrir dócilmente por su
cauce, pero nos enteramos de que en el verano del 2002 el río se desbordó
causando tan graves daños a la ciudad que se tardaron más de dos años en borrar
los rastros del destrozo. Quizás no resulten ociosos los altos muros.

De chiripa encontramos un
restaurante bastante potable para la cena, y a la hora de pagar nos llevamos la
desagradable sorpresa de que nos han timado esta mañana al cambiar 50 €. en el
mercado negro. Nos han pasado por 100 coronas un billete, al parecer, de 100
rublos que no vale prácticamente nada. Quintadas de viajeros noveles que se
creen más listos que la media. No es conveniente salirse de los cauces
oficiales guiados por traidores espejuelos.
Nos consolamos paseando por la feria instalada en una centrica plaza, con unas lonchas de cerdo asado sobre el terreno. La cerveza, en un inapropiado vaso de plástico, se compra en la caseta vecina.
Tras una noche de
descanso reparador nos dirigimos de nuevo a la ciudad para recorrerla y admirar el
trazado, el rio Moldava cantado por Smétana, que divide la ciudad de sur a
norte.
Hay una avalancha de turistas
entre los que abundan de forma especial los japoneses menudos y discretos que
se afanan enfocando sus cámaras en todas direcciones. Se nota que la ciudad
vive, en gran parte, del turismo. No en vano fue la sexta más visitada del
mundo en el año 2004, solo superada por Londres, París, Roma, Madrid y Berlín
sin que a los turistas parezca desanimarlos la tasa de 0,60 € por persona que
los establecimientos hoteleros les aplican.
Como es sabido, Praga es en la
actualidad, capital de la Republica Checa y de la región de Bohemia. Antes fue capital del Reino de Bohemia y
de Checoslovaquia. Recurrimos a
la guía para enterarnos de que es la ciudad más poblada del país con 1,2
millones de habitantes y otro 1,9 más en el área metropolitana. Es una ciudad
hermosa. El buen gusto y la elegancia de los edificios y parques se aprecia por
doquier. No en vano su casco antiguo es patrimonio de la Humanidad a pesar de haber
sufrido de forma intensa dos guerras mundiales. Después de la dictadura nazi quedó
dentro de la esfera de influencia soviética tras la Segunda Gran Guerra. Solo
tras la revolución de terciopelo en 1989 y la caída del muro de Berlín, se
instauró un régimen parlamentario y la economía de mercado.
Como casi todas las ciudades con cierto poso de
antigüedad, su origen está envuelto en la leyenda. En este caso la de una princesa
desde cuyo castillo, Libusín, situado en el centro de Bohemia, tuvo la visión
de una gran ciudad que sería Praga.
Según cuentan los arqueólogos, los asentamientos más primitivos
datan del paleolítico. Se tienen noticias de poblados celtas alrededor del S.VI
a.C. y posteriormente de eslavos y ávaros. La ciudad como tal fue fundada a
finales del S.IX por la mencionada Libuse, iniciadora de la dinastía
Premyislida a partir de cuyo momento Praga se convirtió en residencia de los
reyes de Bohemia. La ciudad nueva se inició ya en el S.XIV bajo el reinado de
Carlos IV que unió los dos núcleos urbanos con el famoso puente Carlos de más
de 516 m. de longitud y 10 de altura que
sustentan un total de 16 arcos, adornado con treinta estatuas de estilo barroco.
Lo atravesamos en un par de ocasiones inmersos en el mar de turistas que, como
nosotros se entretienen en los puestecillos de hipies que ofrecen sus
ingeniosas baratijas por un modesto óbolo o hacerte una silueta de cartón o una
caricatura al minuto. Nos alejamos todo lo posible de dos chicos que nos
proponen fotografiarnos con sendas serpientes de gran tamaño que llevan
colgando al cuello. Seguro que habrá gente a los que le hagan gracia la
confraternización con semejantes bichos, no es nuestro caso.
Los praguenses también tienen su corazoncito y cierta
predilección por las ventanas, como demostraron cuando Bohemia pasó a formar
parte de los dominios de los Absburgo en 1526 y Praga a ser capital de una
provincia austriaca. Fernando II, que era católico fue elegido rey de Bohemia, y
a los nobles praguenses no les pareció bien la elección. No se les ocurrió cosa
mejor que arrojar por la ventana del castillo a los nobles que el rey había
enviado para preparar su llegada. A lo que parece, no fue ese un caso aislado,
sino que se produjeron otras defenestraciones cada vez que se suscitaba un
problema con embajadores extranjeros, lo que trajo como consecuencia una serie
de guerras llamadas husitas y posteriormente la de los treinta años. Praga quedó
ligada para siempre con las defenestraciones.
En el reparto territorial que sucedió a la I Guerra
Mundial el nuevo presidente de la recién fundada Checoeslovaquia, Tomas Masaryk
hizo a Praga sede de gobierno y capital del estado checo. Cuando Hitler
desencadenó la II Guerra Mundial, sus ejércitos ocuparon Praga y persiguieron
con saña a los judíos, matando a muchos y enviando a los restantes a campos de
concentración. Terminada la guerra y superado el terrible trauma del bombardeo
que sufrió la ciudad en 1945 por la aviación estadounidense al confundirla con
la ciudad de Dresde que también arrasaron, la Republica Checa pasó a formar
parte del bloque comunista hasta que en 1968 estalló la Primavera de Praga, un
movimiento de reforma contra el inmovilismo soviético. El estallido fue
duramente reprimido por las tropas del ejército del Pacto de Varsovia. Praga no
abandonaría el socialismo hasta finales de 1989, tras la caída del muro de
Berlin y que Gorvachof hubiera anunciado el año anterior la doctrina Sinatra
que daba a los países de Europa del Este libertad para que hicieran, en
términos políticos, lo que consideraran más conveniente.
En 1993 se decidió la partición de Checoeslovaquia en Republica
Checa y Eslovaquia y la ciudad de Praga pasó a ser la capital de la Republica
Checa.
La historia reciente de esta parte de Europa, por más
que compleja y difícil de asimilar, resulta imprescindible para entender, aún
de forma somera, muchos de los acontecimientos que se producen hoy en nuestra
compleja Unión Europea. El foco de inestabilidad que han constituido desde época
moderna los países de centro Europa, parece seguir existiendo de la misma
manera que existe el magma rugiente en el fondo de un volcán dormido. Quizás no
hayamos encontrado una vía que contente a todo el mundo entre las diversas
opciones políticas experimentadas hasta el momento.
Nos despedimos de Praga Visitando el Museo nacional en
la plaza de Wenceslao y las distintas dependencias que alberga el museo judío
en el antiguo gueto de Josefov en el que se encuentran también varias sinagogas.
La tripulación de La Tinaja no es especialmente amiga de los lugares de culto y
tiene ideas propias acerca de la reverencia a los dioses imaginarios, sin
embargo siente —y manifiesta— un enorme respeto por las creencias de los demás,
sean estas cuales fueren, con reserva, naturalmente de las que incitan a la desigualdad o al odio. En el vestíbulo del Museo Nacional se encuentran también
las tumbas de destacados ilustres de la ciudad. Se trata de un museo
generalista que abarca la prehistoria de Bohemia, Moravia y Eslovenia, una
extensa colección de minerales y una interesante sección de zoología. Resulta
una visita interesante dada la belleza del magnífico edificio que lo alberga.
Con el ultimo recuerdo de estas visitas y un íntimo
homenaje a los varios escritores de fama mundial nacidos o relacionados muy
directamente con la ciudad: Jan Neruda (autor de Cuentos de Malá Stragna de quien Ricardo Neftalí Reyes Basoalto, premio
nobel, tomó el nombre), Rilke, Franz Kafka, Vladimir Holan, Bohumil Hrabal o Milan
Kundera con algunos de los cuales compartimos añorados ratos juveniles, nos
despedimos de Praga.
TRANCO VI
Praga- Trutnov
Camping
Dolce. Lugar paradisiaco a orillas de un estanque que parece sacado de una
postal suiza. Sin parcelas determinadas. Servicios y toilettes muy deficientes,
como los de Praga, pero el lugar lo compensa. 471 Coronas. 18,20 €
Terminada la visita a Praga, que nos ha resultado un poco decepcionante
quizás por la exagerada afluencia de personas y de motos, reanudamos camino
hacia nuestro próximo destino, Trutnov, muy cerca ya de la frontera con Polonia.
La distancia a recorrer es relativamente corta para nuestros habituales
desplazamientos, y la carretera buena por lo que viajamos con cierta parsimonia
que nos permite detenernos en un hermoso pueblecito que nos sale al paso poco
después de emprender el camino: Jaromer.
Se trata de una pequeña localidad de
unos doce mil habitantes, pero nada que ver con los pueblos de ese tamaño que
estamos acostumbrados a ver en nuestras latitudes. Los edificios son hermosos,
señoriales y tanto el centro como los alrededores están cuidados, limpios y
llenos de jardines con estatuas en madera de artistas locales que invitan a la
reflexión y al paseo mesurado. Quizás el encanto se deba en buena parte al rio
de placidas aguas que lo recorre. El agua, más si es un agua mansa como esta,
imprime un carácter bucólico y atractivo a la tierra por donde discurre. El
auriga recuerda con cierta melancolía la sequedad, abandono y desidia, el mal
gusto de las elementales construcciones abandonadas a medias, las fachadas a
medio revocar y la suciedad de algunos pueblos de su tierra y siente cierta
envidia de estas gentes tan responsables y orgullosas de su patrimonio público.
Nos instalamos en el camping y dedicamos la tarde a tomar
contacto con la ciudad de Trutnov.
Nuestros contactos en Broclaw nos han ponderado el interés de
un lugar cercano: Adrspach-Teplice, un parque natural formado por
rocas de aspecto peculiar que nos recuerdan, a otra escala, las Dolomitas que
visitamos en otra ocasión. El recorrido, perfectamente trazado y muy bien
cuidado es espectacular y según nos cuentan tiene antecedentes que
se remontan al S.XIX, fecha desde la que tiene el estatus de recinto protegido.
Nos avisan de que hay ciertos lugares por los que no debemos transitar para no
molestar a los halcones peregrinos —protegidos por las leyes federales—, que se
encuentran en época de anidamiento.
Dedicamos el dia siguiente a la visita a Trutnov, ciudad de
unos treinta mil habitantes construida sobre un primitivo asentamiento eslavo
del S.XII, según parece favorecido por el rey Wenceslao I de Bohemia con el fin
de favorecer el poblamiento de la zona. Más tarde se la dotó de solidas defensas
y constituyó una especie de dote para la reina de Bohemia. Según nos cuentan en
la oficina de información turística, sus habitantes tuvieron un lugar destacado
en las sucesivas guerras que asolaron la región: las guerras husitas de 1421,
el asedio por los suecos durante la guerra de los Treinta Años en 1642 y 1647.
Fue escenario de la batalla de Trutnov durante la guerra austro-prusiana de
1866 y solamente fue conquistada una vez —según nos dicen con la boca pequeña—
Por el ejército husita de Jan Zizka que, por lo vista era un tipo de armas
tomar.
En 1945 fueron expulsados de la ciudad los alemanes que
habían constituido hasta ese momento la etnia mayoritaria.
El amable paseo por la ciudad nos hace apreciar la profusión
de estatuas de enanos laboriosos que relacionamos inmediatamente, sin una razón
precisa, con los nibelungos, aquellos seres menudos y un poco deformes,
llamados así porque, según la mitología nordica, vivían en un país gobernado
por un príncipe llamado Nibelung. Eran seres oscuros moradores del fondo de la
tierra que se dedicaban a la extracción y manufactura de metales, a manera del Hefestos
de la mitología griega, aunque no sabemos si los enanos, como el herrero griego
padecían de arsenicosis, enfermedad común de los que trabajaban el bronce. Los enanos
poseían un inmenso tesoro arrebatado a las ninfas, que guardaban en el fondo
del Rin custodiado por el dragón Fafner, que dormía con un ojo abierto. No
precisa la saga nórdica cual de ellos era, ni siquiera si los alternaba para
mayor comodidad.

El caso es que como una cosa trae la otra y si se saca una
cereza de un cesto suelen seguirla algunas otras entrelazadas, el asunto de los
nibelungos nos lleva a Wagner que también tuvo que decir mucho de ellos, sobre
todo musicalmente, con su enorme obra dividida en cuatro óperas, “El anillo del
nibelungo” (El oro del Rin, La Valkiria,
Sigfrido y El Ocaso de los dioses), basadas en las leyendas mitológicas que
había recogido el escritor y filólogo alemán Wilheim Grimm en su obra “Leyendas
históricas alemanas” en 1829. El ocaso de los dioses arrastra a su vez el
recuerdo de una estupenda película llamada “Sunset Boulevard” o “El crepúsculo
de los dioses” dirigida por Billy Wilder y protagonizada por Gloria Swanson en
el papel de Norma Desmond, una actriz desplazada por la aparición del cine sonoro.
William Holden es un periodista que se aprovecha de los delirios de la anciana
y Eric Von Stroheim se interpreta a sí mismo en el papel de un fracasado
director de cine convertido en fiel lacayo de su antigua estrella y esposa. Y así,
cereza tras cereza, nos sale otra: aludiendo seguramente a Wagner, Friedrich
Nietzsche escribe El crepúsculo de los
ídolos, publicada en sus últimos días. Otra cereza más: El ocaso de los dioses, película de
Visconti, estrenada en 1980, que describe la lucha por el poder de una familia
de potentados alemanes por el control de una importante acería —en los que
muchos han visto a la empresa Krupp— durante los turbulentos tiempos del accenso
nazi que darían lugar a la II Guerra Mundial. Y para que no falte el detalle de
actualidad: la película El ocaso de las
diosas, película mejicana estrenada en 2016 de tintes un tanto
folletinescos con cáncer terminal incluido.
Los nibelungos de Trutnov nos han llevado a dar un largo
paseo imaginativo que nunca les agradeceremos bastante.
TRANCO VII
Trutnov-Wroclaw
Camping
Wroclaw. Parcelas pequeñas, pero nos encajamos en un amable rincón. Aseos
espectaculares, con cuarto de baño individual. 324 coronas. 12,78 €/d.
Nos
acercamos a uno de los hitos de nuestro viaje. Álvaro, felizmente casado con
Kinia y padres a su vez de Lena, espera la llegada de unos cuantos libros que
nos resultan excusa suficiente para visitar Wroclaw. El camping que nos han
gestionado es cómodo y tranquilo, justo lo que siempre buscamos. La llegada, a
media mañana, no puede ser más exitosa.
Al
día siguiente nos dirigimos a la ciudad en un tranvía que refuerza, una vez
más, nuestra teoría sobre el transporte público. En la estación cercana al
camping el expendedor de billete es automático y no nos resulta fácil entender
las instrucciones. Una amable polaca nos saca del atolladero. El lenguaje
corporal y la buena voluntad hacen milagros. Una vez cumplido el encargo familiar,
y acompañados por nuestros amables anfitriones nos dedicamos a recorrer la
ciudad y a documentarnos sobre su historia que resulta enrevesada, pues Polonia,
hoy republica parlamentaria de Polonia, miembro de la Unión Europea y estado
miembro de la OTAN, ha sufrido toda clase de sucesos trágicos en los últimos
siglos. Curiosamente, la población, de mayoría católica es más bien
conservadora y en la actualidad se manifiesta un peligroso sesgo
ultraderechista.

Por
fortuna, Álvaro que es hombre estudioso y ha profundizado en la historia de su
país de adopción, nos ilustra sobre los complicados avatares políticos sufridos
por Polonia que son largos y complicados.
Según
nos cuenta, los primeros homínidos parecen estar presente en las llanuras
polacas desde hace más de 500.000 años, y los eslavos que se asentaron en el
territorio más tarde, hace más o menos 1500 años, constituyeron Polonia como
estado 500 años después, año arriba, año abajo.
Por
lo que se refiere al territorio de la nación, ha sufrido notables altibajos
como pasa con todas las naciones que se encuentras entre otras más potentes que
ambicionan sus fuentes de riqueza. El sabio refranero registra algo de
aplicación en este caso:” Entre dos muelas cordales, nunca metas los pulgares”
y a los polacos les ha tocado en suerte, a lo largo de su historia, encontrarse
entre las muelas de los vecinos desde las guerras con los cosacos hasta tiempos
recientes.
Probablemente
el momento de mayor expansión de Polonia se diera en el S.XVI, durante el
momento que formó parte de la Republica de las Dos Naciones, la nación más
grande de Europa, antes del crecimiento del Imperio Ruso.
El
reino de Polonia se consolidó en 1025 y en 1569, por la Unión de Lublin se
cimentó la asociación con el Gran Ducado de Lituania que dio lugar a la
Mancomunidad Polaco-Lituana. Sin embargo, esta colapsaría en 1795 merced a las
ambiciones de los vecinos Rusia, Prusia y Austria, que se repartieron sus
territorios como buenos camaradas.
Polonia
no recuperaría su independencia hasta después de la I Guerra Mundial,
constituyéndose entonces la II Republica Polaca que tuvo una vida efímera, pues
fue ocupada por la Alemania Nazi y la Unión Soviética al estallar la II Guerra
Mundial en Septiembre de 1939.
Imposible
seguir ahondando más en la desdichada historia del país al que la guerra le
costó un 20% de la población, entre ellos casi tres millones de judíos, y un
trauma del que muchos aún no se han recuperado.
Tenemos
la suerte de contar en Broclaw con la inestimable ayuda de Álvaro, que ha decidido
afincarse en la ciudad de forma definitiva y nos acompaña a un relajado e
instructivo paseo por la ciudad recordándonos que la ciudad tiene unos 650.000
habitantes, es la capital del voivodato de la Baja Silesia, fue la ciudad
alemana más grande al este de Berlín hasta después de la II Guerra, perteneció
a la Liga Hanseática y que en ella coincidían dos importantes rutas
comerciales: la Ruta del ámbar y la Vía Regia. Por si fuera poco, ha sido
nombrada capital Europea de la Cultura en 2016 junto con San Sebastián.
Visitamos
el museo nacional de Narodowe y el enorme cuadro panorámico de la batalla de Ractawice,
una de las primeras consecuencias del levantamiento lituano contra el imperio
ruso en el año 1794. La visita, apoyada en estupendos audio textos, resulta
verdaderamente espectacular.
No
puede, el viajero, sustraerse a la reflexión considerando lo peculiar que
resulta que hagamos de sanguinarias batallas en las que seguramente vieron
truncadas sus expectativas de vida muchos seres humanos, hitos históricos a
conmemorar como si fueran el arranque de esplendorosos tiempos que conviene
recordar. Mas parece que fueran episodios de los que una mirada razonable
debería avergonzarse tomando buena nota de ellos para que no volvieran a
repetirse.
La
parte tétrica de la historia de la ciudad se revela al conocer que en las
elecciones de 1933 los nazis obtuvieron la mayoría en apoyo a Hitler y su líder
local Edmund Heines, asesinado en 1934 durante “La noche de los cuchillos
largos”, que en las cercanías de la ciudad se estableció durante su mandato el
campo de concentración de Breslau Dürrgoy que albergó a muchos de los más de
10.000 judíos que vivían en la ciudad y que murieron en él o fueron
directamente asesinados.
La
generosidad de Álvaro y Kinia se suma a la de dedicarnos su tiempo cuando nos
invitan a comer en un estupendo restaurante haciéndonos probar las
“delicatesen” gastronómicas de la zona.
Ya
entrada la noche, volvemos a nuestro refugio en “La Tinaja” utilizando los
estupendos tranvías de la ciudad. Una vez más nos hacen recordar con amargura
los deficientes servicios de transporte publico de nuestra tierra y el escaso
interés que nuestros políticos muestran en ellos.
Imposible
abandonar Broclaw sin hacer la breve excursión a la ciudad de Swidnica y su
impresionante monumento la Iglesia protestante de la Paz, sobreviviente de la
Paz de Westfalia con la que terminó la Guerra de los Treinta años (1616-1648).
Aunque poco dados a exaltaciones religiosas, no podemos por menos que
congratularnos con la buena intención del monumento venga de donde viniere. De
allí a la espectacular plaza del mercado con una colonia barroca que conmemora
el final de la peste del siglo catorce y por fin la pormenorizada visita al
castillo de Ksiaz, un representante genuino del estilo gótico mandado edificar
por el príncipe Bolko I a finales del siglo XIII y reconstruido en su totalidad
a mediados del siglo XVI. Es, en la actualidad, el más grande y mejor
conservado de toda silesia y el tercero más grande de Polonia.

La
ciudad es acogedora, la compañía muy grata y el tiempo excelente, pero nos
hablan de temperaturas de 18 grados bajo cero durante el invierno lo que,
además de nuestro espíritu viajero habitual, hace que nos despidamos de la
ciudad y nuestros anfitriones no sin la natural nostalgia y el deseo de volver
a encontrarnos cuando, como las grullas viajeras, nos visiten en nuestro cálido
y pequeño mar.
A
punto de salir de Broclaw, nos llega un mensaje de Kinia:
Sobre los enanos de la ciudad: Fue en
los años 80 cuando la gente de la oposición empezó a luchar contra el gobierno
con uso del humor, porque todo lo que hacía el gobierno les parecía ridículo. Además,
el humor ayudaba a la gente. Entonces empezaron a salir a la calle vestidos con
un gorro naranja de enano. Se llamaban la Alternativa Naranja.
Lo
que modifica sustancialmente nuestras reflexiones anteriores sobre el asunto. No
obstante, valgan aquellas como teoría general que para nada empecen el
significado ultimo de las hermosas y sugerentes estatuillas.

TRANCO VIII
Wroclaw- Brno
Camping
Hana. Al borde de un lago precioso. Hay un embarcadero próximo de donde sale un
barco con recorrido de una hora hasta la ciudad. Sin parcelas determinadas y
poca sombra. Los aseos muy buenos. 450 CZK- 17,75 €/d.
Nos espera una larga jornada,
de modo que levantamos el campamento a temprana hora y despues de un potente
desayuno a base de tostadas con aceite y tomate, habito que nuestra modesta
despensa nos permite conservar como si estuvieramos en casa, emprendemos viaje.
Las carreteras polacas son buenas aunque algo deterioradas por la accion del
tiempo. La Tinaja, arrastrada por su potente tronco de caballos, avanza a
velocidad discreta sin mayores contratiempos.
Casi a medio camino, antes de
abandonar Polonia, nos detenemos en un restaurante de carretera. La tripulación
escoge una sopa lavandera de remolacha y una especie de buñuelos de pollo con
mas envoltorio que contenido. El auriga se decanta por platos más prosaicos:
carne de cerdo con patatas fritas. La cerveza magnifica.
La búsqueda de asentamiento en la republica checa resulta laboriosa
pero la habilidad de la Dirección Estratégica nos proporciona al fin un camping muy aparente a la orilla de un plácido lago, demasiado soleado para nuestro gusto,
aunque por estas latitudes el sol no resulta demasiado ofensivo. A la entrada
del campamento, un bar modesto con una cerveza estupenda a precio irrisorio. Lástima que la conversación con los amables parroquianos
no resulta demasiado fluida. Probablemente se expresan en el dialecto
local que permanece hasta la actualidad, el hantec, una mezcla entre alemán,
checo y yidis . Por
fortuna, el lenguaje corporal, las cervezas que compartimos y unas cuantas
palabras rescatadas del inglés universal, hacen milagros.
Muy cerca del campamento hay un embarcadero desde el
que sale un ferry que nos conduce a la ciudad. Es un barco silencioso, quizás
movido por motores eléctricos, que hacen el paseo delicioso.
Tropezamos
con el molesto inconveniente del cambio de moneda, asunto que ya creíamos relegado
al olvido desde nuestra lejana juventud. En la Republica Checa se manejan con
la corona sueca (esto de la corona nos sorprende, no parecen estos pagos muy
afines a monarquías en la actualidad) cuyo cambio aproximado es 1 € por 24,5 CZK,
lo que nos confiere cierta ventaja dineraria. Pagar una cerveza una cerveza en
coronas checas nos parece una miseria asequible a cualquier bolsillo.
Tiramos de guía para averiguar que Brno la
segunda ciudad más grande de
la República Checa por
población y superficie, la más grande de Moravia y
Capital histórica del Magraviato de Moravia, con una población de unos
400.000 havitantes, checo arriba checo abajo.
Desde el
barco apreciamos la enorme mole del castillo Veveri que se alza majestuoso en
la montaña y desembarcamos para iniciar la visita a la ciudad fundada
oficialmente en 1243 según privilegio concedido por el rey de bohemia Wenceslao
I a partir de cuyo momento se inicia la repoblación con colonos alemanes,
flamencos, valones y judíos.

A
mediados del S. XVI es colonizada por la Reforma protestante cuando ya formaba
parte de los territorios de los Habsburgo y para contrarrestar la nueva
doctrina se instalan en la ciudad las ordenes religiosas de jesuitas y
capuchinos. Visitamos la catedral de San Pedro y San Pablo donde la guía sonora
nos informa en perfecto castellano que la ciudad destacó por su enconada
resistencia contra los suecos en 1643 y 1645 durante la Guerra de los Treinta
años y contra los prusianos en 1742. Nos sorprende que a las once de la mañana
las campanas de la torre toquen doce campanadas. La guía nos aclara el misterio
relatándonos que durante el asedio sueco a la ciudad en 1645, el general que
asediaba Brno, cansado de la pertinaz resistencia anunció que si la ciudad no
se había rendido a las doce del mediodía, abandonaría el asedio
definitivamente. Un avispado campanero dio las doce campanadas antes de hora y
el general, que era hombre de palabra, levantó el asedio. Esa era la razón del
suceso que ha llegado hasta nuestros días.

Brno,
como todas las ciudades de centro Europa no pudo permanecer ajena a los
convulsos acontecimientos que sacudieron la región durante los últimos años.
Al final del XIX era uno de los principales centros industriales de Austria-Hungría
en el que convivían pacíficamente checos y alemanes, cristianos y judíos en una
multiculturalidad en la que predominaba el habla alemana. Esta paz casi
octaviana se truncaría a principios del S. XX como consecuencia de la Primera
Guerra Mundial al disolverse el Imperio austrohúngaro que tuvo como
consecuencia que Brno se quedara en Checoeslovaquia. Cuando en 1993 se dividió
el país, Brno permaneció en la Republica Checa, capital de la región morava.
Al medio día,
una discreta terraza donde queda un banco libre nos parece lugar adecuado para
hacer un alto. Los manjares que consumen los parroquianos nos parecen atractivo
suficiente y el lenguaje corporal, señalando los platos que consumen nuestros
vecinos nos sacan del apuro.
Después
del somero ágape, iniciamos un relajado paseo por el centro de la ciudad, zona
comercial amable para el peatón, recorriendo los alrededores de la Estación Central,
la catedral, la fortaleza Spilberk y la Plaza de Moravia para concluir en la Plaza
de la Libertad. Visitamos la Villa Tugendhat, que nos recomiendan como
interesante punto turístico como muestra de la arquitectura funcionalista de la
época, construida en 1929 por el arquitecto alemán Van der Roche, hoy Patrimonio
de la Humanidad de la Unesco. Dejamos para mejor ocasión la visita a la mayor
empresa cervecera de la ciudad, Starobrno, en cuya vecindad se encuentra el
monasterio de Staré Brno donde el monje Gregor Mendel estudió en 1843 las
variaciones genéticas de los guisantes que dieron lugar a sus famosas leyes
vigentes hasta la actualidad.
Seguro que
Brno nos reserva aún interesantes sorpresas, pero el viajero debe abandonar sin
pena la sensación de exhaustividad cuando visita lugares tan interesantes como
este. Es limitación a la que estamos sujetos los humanos: no poder abarcarlo
todo, así es que volvemos a nuestro placido emplazamiento donde despedimos la jornada
en el simpático barecillo del camping mientras prestamos atención al
comportamiento de los naturales sin entender nada de su incomprensible
lenguaje.
TRANCO IX
Brno-Viena
Camping Wien Neue Donau. Muy cerca de
la ciudad. Buenas parcelas pero con poca sombra. Aseos estupendos, tipo alemán.
Escogemos mal la orientación y tenemos que tirar del AC. 35 €/d.
Abandonamos, no sin cierta
pena, nuestro cómodo camping de Brno, su lago y las cervezas vespertinas.
Aprovechamos las ultimas coronas para comprar pienso para nuestros esforzados
corceles, intuyendo que de nada nos han de servir más adelante esas monedas. Encontramos
un amable camping cerca de Viena, la ciudad situada al borde del Danubio, en el
valle de los Bosques de Viena, capital de Austria y uno de los nueve estados
federados (Bundesland Wien). Aprovechamos
el domingo para operaciones de mantenimiento que incluyen colada y pequeñas
reparaciones. Un fallo de ubicación nos condena a la solanera inclemente de la
que solemos huir, bastante tenemos con la que recordamos de nuestra tierra. Los
centroeuropeos, por el contrario, tienen cierta avidez por el sol, elemento del
que no andan muy sobrados. Por suerte nuestra tinaja dispone de aire
acondicionado que solemos utilizar solamente en situaciones de emergencia.
Acabamos el día del Carmen con una discreta celebración de cerveza y salchichas
en un barco-restaurante anclado a la orilla del Rin.


El transporte público hasta la ciudad es estupendo: un
rápido tranvía que nos hace envidiar el concepto europeo, cada vez más
extendido, que prima al transeúnte ante el automóvil. Nos dedicamos a patear la
ciudad que tiene mucho y muy hermoso que ver. El centro es peatonal y en
plataforma, cosa que también es moda en muchas ciudades de las que estamos
recorriendo. Tantos turistas como en Praga, aunque estos más dispersos y
llevaderos. Entre ellos, muchos japoneses y, cosa sorprendente, algunos
mendigos. Aprovechamos para desayunarnos unas estupendas “apfelstrudent” (que
nosotros llamaríamos tarta de manzana) que nos proponemos repetir en cuanto la
ocasión se presente.

La historia de Viena, una de las más antiguas
capitales de Europa, es demasiado larga y compleja para la digestión rápida que
nuestro viaje impone. Sabemos que sus orígenes se remontan a época romana que
la llamaron Vindovona, nombre
recogido de los celtas que la conocían como ciudad
blanca desde el año 500 a.C. los romanos, aprovechando la frontera natural
que les ofrecia el Danubio, establecieron en ella el campamento de la Legio X Gemina que permanecería desde el
106 hasta que la caída del Imperio Romano (476) dio al traste con la ocupación.
Andando el tiempo sería conquistada por Carlomagno que
la rebautizó con el nombre de Ostmark
(marca del este) y la convirtió en importante aliada del papado y punto de
partida del que saldrían muchos cruzados a la conquista de Tierra Santa, entre
otros Ricardo Corazón de León, el hijo de Enrique II de Inglaterra y Leonor de
Aquitania cuyas tumbas tuvimos ocasión de visitar en la Abadia de Fontevraud en
otro viaje. Con el rey Matías Corvino (1440-1490), así llamado por su cabellera
negra como ala de cuervo, Viena pasó a ser la capital de Hungría que conoció
una gran época de esplendor y fue, hasta las guerras napoleónicas (1803-1815)
la capital del Sacro Imperio Romano Germánico y residencia habitual de los
Habsburgo.
Como no hay mal que cien años dure (ni cuerpo que lo resista),
la furia conquistadora de Napoleón Bonaparte fue detenida por los austriacos en
la batalla de Wagram en 1809, y se refugió en Viena donde en 1814-15 tras su
derrota definitiva se celebraría la conferencia internacional (Congreso de Viena)
en la que se restablecieron las fronteras de Europa y que permitiría a Austria
conservar gran parte de sus territorios a pesar de su pasado napoleónico y al
astuto canciller Metternich ser punto decisivo en la política europea durante
los siguientes treinta años. Es en esta época en la que la ciudad alcanzaría su
máximo esplendor, tanto demográfico como cultural bajo la égida de Francisco
José I (1848-1916), que nos ha llegado a través de los valses vieneses de los
Strauss, con los que aún nos deleitamos el día primero de cada año.
El esplendor cultural de la ciudad se vino al traste
en 1938 cuando fue invadida y anexionada a Alemania por los nazis pasando a ser
la capital de la provincia de Ostmark
recuperado el nombre dado años atrás por Carlomagno. En la ciudad pronunció
Hitler su primer gran discurso a los vieneses desde el balcón central del
palacio de Hofburg. La invasión fue legitimada por un referéndum que dio
favorable con un 99,73% de los participantes, hecho que nos retrotrae a otros
conocidos en tiempos luctuosos por los habitantes de nuestro propio país.
Visitamos el impresionante museo Leopold y nos deleitamos con las
exposiciones de Klimt, madame d’Orás y Egon Schiele, entre otros. A la salida
nos sorprende un chubasco de considerables dimensiones que remite a los pocos
minutos. La vida ciudadana sigue después como si tal cosa y nos enseña que este
tipo de fenómenos resultan habituales por estas latitudes y es muy conveniente
salir de casa, aún en los casos de sol radiante, provistos de paraguas.
Siempre recordaremos Viena, además por
esta interesante visita, por ser la patria, entre otros, del investigador de
los sueños, la de Franz Schubert, Stefan Zweig, Fritz Lang, Adler, Vicktor
Frankl, y por la música repetitiva de la citara de Anton Karas en “El tercer
hombre”.
TRANCO X
Viena- Simssee
Camping
Stein. Cerca de Munich. Abigarrado pero suficiente, muy buenos servicios.
Situado a la orilla de un hermoso lago.
El lago Sims (en alemán Simssee) es el
más grande del distrito de Rosenheim en la alta Baviera. Está situado en un
hermoso paisaje entre colinas de escasa altura y rodeado de cañaverales poco
hollados por la presencia humana. Hay cercanos pueblecitos (Ecking, Krottenmühl
y el mismo Simssee que da nombre al lago) muy a propósito para el descanso
cervecero que aprovechamos en una razonable medida. No es costumbre por estos
lares la agradable “tapa” de nuestras tierras, y empapuzarse un par de jarras
de la rubia a palo seco nos resulta dificultoso, así es que recurrimos al truco
de pedir una mínima ración de salchichas que las acompañen y el conjunto nos
resulta altamente satisfactorio.
Nuestra excusa para la visita es
contactar con la sobrina de unos amigos que forma parte de una famosa
filarmónica de gira por estos contornos. Con Carmen departimos
amigablemente una vez localizada y compartimos ágape en un pueblecito cercano
cuyo nombre no tuve la precaución de anotar.
La visita ha valido la pena, el lago y
sus alrededores resultan un lugar paradisiaco recorrido por un numero pasable
de turistas del país que nos suelen tomar —nunca llegué a averiguar por qué—
por italianos. Me presto a la broma y contesto en el breve italiano que
conozco. Todos contentos y engañados.
El lago está situado en un paraje
relativamente alto (450m.) lo que hace que, entre la altura y el efecto termorregulador
del agua, la temperatura ambiente sea muy agradable la mayor parte del año. Es
relativamente grande para los que estamos acostumbrados a la brevedad de
nuestro pequeño mar interior y como este, poco profundo, con una media de 13 m.
Se alimenta de pequeños ríos (Antworter y Achen) que mantienen su volumen y
tienen al río Sims como aliviadero.
Las aguas del lago son cristalinas y
los barquichuelos que lo recorren lo hacen a vela, remo o con motores
eléctricos. Hay prohibición expresa de motores de otro tipo, lo que nos produce
cierta envidia considerando el lamentable estado de nuestro Mar Menor a manos
de la barbarie indiscriminada que lo ha reducido a la situación actual,
difícilmente reversible.
Hay ocasiones en que sí deberíamos
mirar hacia quienes son más respetuosos y están más avanzados que nosotros en
lo que a conductas medioambientales se refiere.
Y con este sentimiento de fugaz
tristeza, continuamos nuestro periplo después de despedirnos de Carmen, la
virtuosa contrabajista motivo de nuestra estancia en tan hermosos lugares.
TRANCO XI
Simssee- Lago Constanza
Camping
Schachenhorn. Los piratas del lago. Nos atienden unos tipos patibularios, pero
es tarde y no tenemos otra opción. El lugar estupendo pero abarrotado.
Restaurante y servicios estupendos. Para no repetir jamás. 31,80 €/d.
Nos lanzamos a la carretera con
rumbo a casa. El recorrido ha entrado en fase de retorno, aunque sin fijarnos
ningún plan determinado. La esencia —y el encanto— del viaje es ir decidiendo
las estaciones y el programa sobre la marcha, nos fijamos un destino más o
menos lejano, y dejamos el resto de circunstancias al azar o a lo que se nos
vaya ocurriendo sobre la marcha. Eso tiene sus ventajas y algunos
inconvenientes. En este caso no estuvimos demasiado afortunados.
El camino, aunque bonito y
pintoresco, se nos hace largo y decidimos hacer un alto en el Lago Constanza,
el tercero más grande de Europa, a la vista de que no encontramos ningún otro
camping en las inmediaciones. Las soluciones de compromiso raramente dan buen
resultado y esta no fue la excepción. Es un camping abarrotado en el que las
caravanas están a la misma distancia que las sardinas en una lata.

Nos atienden dos tipos en la
recepción con aspecto de lo que son: piratas de río. El uno tuerto y el otro
lleno de tatuajes que exhibe en el cuerpo medio desnudo. Por supuesto, cobran
en cash, nada de tarjetas de crédito.
Ya no tenemos opción de seguir camino, así que decidimos hacer de la necesidad
virtud. Nos instalamos en el exiguo espacio que nos conceden y presenciamos la
puesta de sol sobre el lago que nos compensa en parte del trato con los dos
forajidos. La parte buena (no hay mal absoluto), un estupendo restaurante en la
parte exterior del camping, seguramente regentado por personas normales, cuyas
salchichas y cerveza nos compensan ampliamente del mal trago del principio.
Nuestros vecinos de mesa resultan ser alemanes que farfullan medianamente
francés e inglés y que viven más de la mitad del año en su caravana. Unas
cervezas compartidas y la hermandad que propician estas ciudades vagabundas,
hacen que establezcamos una sólida amistad ocasional mientras nos ilustran
sobre la historia y bondades del territorio.
Según nos dice Friedric, que es
el más locuaz pero menos inteligible, el lago es de origen glacial y hace
frontera entre Alemania, Austria y Suiza, por lo que navegando se pasa de un
país a otro con facilidad. Tiene 550 km2, (que dicho así no nos parecen muchos
ni pocos) y está alimentado por el Rin que entra en el lago por Breguenz en
Austria y sale en el oeste por Stein am Rhein en suiza, según nos escribe en
una servilleta de papel con una letra muy cuidada. Le pregunto si sabe por qué
zona para el dragón que guarda en el fondo del río en tesoro de los nibelungos,
y me contesta que de eso no sabe nada. Lo que si me dice es que hay varias
islas en el lago de considerables dimensiones, y añade sus nombres en las
servilletas: Mainau, Reichenau y Lindau.

Su mujer, Bertha, ha sido
profesora de francés en Múnich y con ella el dialogo resulta más fluido. Nos
cuenta que el auge del lago como zona de recreo data de principios del siglo XX
cuando el rey Guillermo II de Wutemberg fundó el Real Club de Yates de
Wutemberg, que todavía existe y cuyas luces muy atenuadas nos señala al otro
extremo del lago. Dice que el sueño del monarca de un país sin salida al mar
era el de una gran flota germana navegando a través de los ríos. El sueño del rey
no pudo verse realizado porque en 1918 fue depuesto en el trono como el resto
de monarcas reinantes en los estados alemanes, constituidos tras las guerras
napoleónicas.
Acaba nuestra amiga Bertha
relatándonos la historia del enorme accidente aéreo que tuvo lugar en el lago
en el año 2000 en el que perdieron la vida 71 personas en el choque entre un avión
de carga alemán y otro de pasajeros ruso. Ya hay que tener mala suerte, apunto
yo, para que dos aviones se tropiecen en el cielo, con lo grande que es. Al
parecer se debió a la negligencia o despiste de los controladores aéreos que
debían guiar el aterrizaje, uno de los cuales fue asesinado años más tarde por
un ruso que había perdido a su esposa en el accidente.
Ya a punto de despedirnos, nos
dice que el lago se hiela por completo de vez en cuando. Ellos vienen todos los
años a ver si tienen suerte y coinciden con la ocasión que solo se presente
cada setenta años. La última fue en 1963. Aún falta tiempo si el lago sigue
cumpliendo con las previsiones, aunque con lo del cambio climático parece que
el asunto está más que tiznado. Nos despedimos como buenos amigos para siempre.
Después de una noche agitada y
ruidosa por los gritos de los niños que abundan en el campamento, “la del alba
sería” cuando aparejamos los corceles y salimos de piro despidiéndonos del
hermoso lago y de los pintorescos piratas de los que nos librarnos con un
razonable rescate.
TRANCO XII
Lago Constanza- L'isle sur les Doubs
Camping
“Les Lumês”, cerca de Besançon. Tipo municipal, sin parcelas. Con cabritas
enanas. Atienden madre e hija muy amables. Un sitio estupendo.18,20 €/d.
Con la sensación de haber
superado uno de los puntos negros a que la estadística obliga en estos viajes,
emprendemos ruta hacia el origen por donde el navegador nos guie. Después de
cubrir una razonable porción de camino, nos sale al paso un hermoso pueblecito
de los que en Francia abundan. Tanteamos con precaución el camping y nos parece
sitio acogedor para reponernos de la última experiencia y reposar, visitando
los pueblos de alrededor durante dos o tres días.
El camping es amplio y sin más
parcelas que las que la imaginación dibuje. Instalamos la tinaja y exploramos
el pueblo descubriendo un par de bares acogedores en los que nos reencontramos
con el Pernod que siempre es bien hallado.
L’Isle-sur-le-Doubs debe su
nombre a que se encuentra entre dos brazos de 800x100 m. del rio Doubs en la
zona de La Borgoña, perteneciente al Franco Condado. El canal del Rodano-Rin
atraviesa la zona dándole el aspecto pintoresco de los pueblos cuya navegación con
esclusas nos resulta tan atractiva a los que venimos de tierras en las que
estos sistemas resultan desconocidos.
Un vistazo a la sentina nos
advierte que los víveres escasean, así es que nos aprovisionamos en un Lidl de
los muchos supermercados que se encuentran en la ruta con estupendos
aparcamientos para después acercarnos al vecino pueblo de Montbeliard, del que
nos separan 25 Km.
Los orígenes del pueblo parecen
remontarse a época romana de cuyo pasado aún se mantiene en razonable estado un
pequeño anfiteatro y otros restos de los que debió ser un asentamiento de aquella
época.
El pueblo conservó cierta
importancia cuando sus terrenos fueron donados en el siglo XVI por los monjes
de la abadía de Lieu-Croisant, a Tiebault I de Neufchatel que edificó el
castillo del mismo nombre en las cercanías de Pont-de-Roide. El castillo sufrió
diversos avatares y reconstrucciones hasta que, tras la Revolución fue vendido
como bien público. En el año 1795 fue desmantelado para construir una industria
de forja y producción de elementos metálicos que tuvo una larga vida hasta que
entró en crisis y fue definitivamente abandonada en 2009.
El pueblo nos ofrece un bucólico
y relajado paseo que culmina en una comida opípara a base de magret de canard y
abundantes patatas fritas, luego pacífico café en una terraza para observación
de especímenes locales.
Nos encontramos con la
agradable sorpresa de unos espontáneos de cierta edad que ofrecen a los vecinos
unas danzas tradicionales que mantienen vivas.
TRANCO XIII
L'isle sur les Doubs-Puy d'envelay
Camping
Brives Cahrensac.
Después de estos días de relax,
nos ponemos en marcha con cierto sentimiento de añoranza y ganas de ir
volviendo a casa. No se nos hacen demasiado largos los más de 400 km. que nos
separan del asentamiento que ha dispuesto la Dirección General de Transportes y
Comunicaciones, Le Puy-en-Velay, una población de más de 50.000 habitantes y
pasado histórico notable, pues consta en los anales que estuvo habitada en su
tiempo por unas cuantas tribus celtas, después por los romanos que llamaron al
lugar Anicium, lo que daría lugar al Podium Aniciense, de donde deriva su
actual nombre. Con el tiempo y la caída del Imperio Romano, fueron pasando por
ella sucesivamente vándalos, burgundios, suevos, alanos, hérulos, hunos, etc.
Se trata de una comuna del Alto
Loira perteneciente a la región de Auvernia-Rodano-Alpes a cuyos habitantes,
vaya usted a saber por qué, les llaman ponots
sin que a ellos parezca afectarles demasiado. Es una de las muchas rutas que
llevan a Santiago de Compostela, de la misma manera que todos los caminos llevan
a Roma. Desde la época de las ferias medievales, los lugares de culto con algún
elemento religioso aflorado milagrosamente, han sido lugar propicio de
peregrinaciones y “merchandaising”, movimientos que se iniciaron en el siglo X
y se consolidaron a lo largo de los dos siguientes. La religión es importante,
pero sin el auxilio monetario decae de forma considerable. En la ciudad, se
incluyen como patrimonios de la humanidad la catedral y el Hotel-Dieu Saint-Jacques,
hitos interesantes en la ruta turística, que es en definitiva el objetivo de
todas las peregrinaciones.
Precisamente por su vocación religiosa
católica, Puy-en-Velay sufrió toda suerte de inconvenientes durante la época de
las guerras de religión de la Edad Media, rodeada por tierras que se habían adherido
a la Reforma luterana.
La adscripción religiosa de la
ciudad hizo que la población se mostrara opuesta a la Republica, lo que tuvo
como consecuencia que en 1795 fueran guillotinados una cuarentena de sus
habitantes de los que la mitad eran sacerdotes, lo que seguramente llevaría al
resto de los feligreses a ponderar más de cerca el asunto de las creencias y su
manifestación externa. La revolución acabó de paso con la Virgen Negra, imagen que había dado lugar a las primeras afluencias
de peregrinos, pero como nada es imprescindible en esta vida, pronto la imagen
fue sustituida por otra de notables dimensiones llamada Notre-Dame de France, construida en 1860 con el metal de los
cañones rusos capturados por Napoleón III en la Guerra de Crimea.
Después de estas interesantes
noticias que nos brindan con toda solicitud la amable señorita que nos atiende
en la oficina de turismo, nos vemos obligados a visitar la Catedral que,
efectivamente, presenta un aspecto muy sui
generis. Está construida en roca volcánica y presenta un portal adornado
con un arco polilobulado característico de la arquitectura omeya del califato
de Córdoba, arte que se extendió a la arquitectura románica francesa
precisamente en manos de los peregrinos a lo largo de la Via Podiensis custodiada por los sacerdotes de la comunidad de San Martin.
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Nos queda por visitar la curiosa
iglesia de la roca de Aiguilhe, situada en un impresionante promontorio elegido
al parecer por el decano de la iglesia de Puy que quería construir una iglesia
a imagen y semejanza del santuario italiano erigido en 492 en el monte Sant’Angelo
en las montañas del Gargano. Cuenta la tradición que en el año 1429 la madre de
Juna de Arco, Isabella Romé se llegó hasta la capilla para rezar por su hija,
obteniendo, al parecer un éxito más bien escaso.
Una agradable merienda en un
barecillo donde nos dan a probar un digestivo local llamado verveine du Velay (verbena verde) que
nos recuerda al Chartreuse de los cartujos de Tarragona, nos proporciona la
despedida adecuada de este hermoso lugar. No hemos tenido la oportunidad de
probar las lentejas verdinas, con denominación de origen y todo, que con los
encajes de bolillo son notas singulares del lugar.
TRANCO XIV
Puy d'envelay- Colombiers
Camping
“Les Peupliers” en Colombiers. Parcelas pequeñas pero suficientes, con poca sombra.
Aseos estupendos. 15€/d.
Emprendemos ruta por la autopista A75 adentrándonos
en el parque natural des Monts d’Ardeche por una buena autovía que atraviesa el
valle del Tarn en el departamento de Aveyron, en cuyos bosques recordamos que se
ocultaba el niño feral encontrado en los últimos años del siglo XVIII y que
Truffaut retrató en su película L’enfant
Sauvage.
La enorme depresión del valle del Tarn
se salva ahora mediante el viaducto de Millau, una enorme obra de ingeniería
que une Clermont-Ferrand con Beziers mediante el puente de 2500 m. de longitud
y 340 m. en su punto más alto, capaz de soportar los vientos de 200 Km/h. que
azotan la zona con frecuencia.
Hacemos la travesía (previo pago de 13 €
del peaje) sin viento, pero con una lluvia pertinaz que hace peligrosa la
calzada y nos impide apreciar en toda su magnitud la obra que costó más de 300
millones de euros y en su momento superó la altura del más alto del mundo, el
puente Europa, en Austria. Fue inaugurado a finales de 2004 tras 36 meses de
trabajo de las 530 personas que intervinieron en su construcción, diseñado por
el ingeniero francés Michel Virlongeux y el arquitecto británico Norman Foster
y por el que transitan anualmente casi cinco millones de vehículos caada año, según
cuenta la guía.
La tempestad se calma unos kilómetros
más adelante y los calores, que estaban agazapados aguardando nuestra llegada
cuando ya casi los teníamos olvidados, se abaten sobre nosotros. El cambio
climático se muestra inflexible también en estas latitudes.

Nos detenemos en un pueblecito de unos 2500
habitantes, Les Colombiers, nombre que nos parece suave y acogedor. Si son
palomares, puede que sea el lugar de reposo adecuado para unas palomas
volanderas como nosotros. Instalamos la tinaja y salimos a explorar el lugar
bajo un sol inclemente. A la sombra de enormes álamos que se nutren del cercano
canal, unos colegas jubilados juegan a “Le Boccia”, que dirían los italianos, Pétanque
los franceses o Petanca, como se ha bautizado en nuestra tierra. Nos acogen con
la camaradería que es común entre gente longeva e incluso nos animan a
participar en el juego. Declinamos la amable invitación y seguimos nuestro
paseo. La buena fortuna junto a 40 €. por cabeza nos embarcan en un crucero por
el canal para turistas ávidos de probar los diferentes vinos de la tierra. El
paseo es encantador y la cata propicia la camaradería con nuestros vecinos más
próximos que resultan ser una pareja de belgas con cuatro niños de diferentes
padres. No resulta extraño que nos encontremos a punto de poblar La Tierra con
ocho mil millones de habitantes, comenta la tripulación.

Nos explica la amable azafata-guia que el Canal du
Midí fue impulsado por Luis XIV con la ilusión de unir el Mediterráneo con el
Atlántico y evitar así a sus buques el enfadoso trayecto por Gibraltar. Es una
obra gigantesca que permite la circulación de personas y mercancías de una
forma más económica y ecologica. Yo diría que hasta más placentera. El trafico
fluvial, que en toda Europa es cosa corriente, para nosotros resulta exótico e inasequible.
Somos un país con el agua justa para sobrevivir.

Ya en tierra firme continuamos nuestra exploración por la villa,
desarrollada desde tiempos de los romanos, que establecieron la ruta Domitia
que conectaba Roma con la Península Ibérica a través de la Galia. La ciudad
vive en gran parte del trafico fluvial y de su extensa y excelente viticultura
como podemos comprobar en la visita a la antigua bodega del Castillo
Colombiers.
Una visita relajante y llena de encanto, como se encuentra en
tantos hermosos y tranquilos pueblecitos de la Galia en los que nos sentimos
como uno más de sus habitantes.
TRANCO XV
Colombiers-Vinça
Camping
“La porte du Canigó”. Municipal. Mucha sombra y buenos servicios. 19,34 €/d.
Aterrizamos en
Vinça, donde hay un camping municipal de los que en Francia abundan,
ligeramente abigarrado, pero con buena umbría, cosa que se agradece ahora que
hemos regresado a las calorinas del sur de Francia muy parecidas a las de
nuestro sur, de día insoportables aunque por fortuna remiten de noche.
“Por Santiago y
Santa Ana pintan las uvas y a la virgen de agosto ya están maduras”, dicen que
dice el dicho. Es día de especial significado para los tripulantes de la Tinaja
que tienen efemérides muy queridas que celebrar.
Vinça es un
pueblecito de unos 2000 habitantes perteneciente a Pyrénées-Orientales en la
región de Occitania, muy cerca de Prades y de Perpiñan, con raíces históricas
que se hunden en la Edad media. Pertenece a la región histórica de Conflent,
cerca del mítico Canigó, en el curso del rio Tet. Las aguas amaestradas por
canales de irrigación han hecho florecer una rica agricultura vitivinícola
conocida por las marcas Côtes du Roussillon y Côtes-Catalan. La cercanía de la
montaña hace que el paisaje sea esplendoroso y original.
Sorprende el
inmenso lago en medio de las montañas constituido por la presa sobre el rio Tet
que se suma al natural Escoumes alimentado por el mismo rio que da lugar a dos
playas, espectáculo inusitado tan cerca del Canigó.
Además del
paisaje, Vinça nos ofrece la curiosidad de sus casas en voladizo y la joya del
patrimonio local, la iglesia de Saint-Julien-et-Sainte-Baselisse, un bello
edificio de origen románico rehabilitado en posteriores y numerosas ocasiones
dando lugar al estilo que los entendidos llaman ecléctico, palabra que se
aplica a algo que no se sabe muy bien lo que es, pero sobre lo que no se tiene
intención de polemizar. Tiene numerosos altares, lo que da fe de la devoción de
las gentes del entorno, un hermoso órgano y numerosas pinturas que, con el
conjunto de reliquias hacen del lugar un importante centro de culto que forma
pareja con el cercano monasterio de Saint Pierre de Belloch, centro de un
priorato dependiente de la abadia de Aurillac desde el siglo XII.
El viajero, que
siente cierto interés por las cuestiones históricas, se pregunta si el nombre
de Vinça tendrá algo que ver con otra Vinça, a orillas del Danubio a 14 Km. de
Belgrado excavada por el arqueólogo serbio Miloje M. Basic, cuna de la cultura
del mismo nombre, una de las más tempranas de Europa originada en el Neolitico tardío
(4000 a.C) y perteneciente a la llamada cultura Tell, cuyo origen se encuentra
en Centro Europa, principalmente a lo largo del Danubio, los Balcanes y Asia
Menor. La cultura está representada por numerosos objetos de arte prehistórico
actualmente repartidos por museos y universidades de todo el mundo.
Tras el baño
religioso-cultural nos acercamos al vecino pueblecito de Eus, colgado en la
montaña donde sus escasos 400 habitantes parecen haberse refugiado a salvo del
trafago mundano. Un paseo por las calles donde es difícil encontrar un alma
resulta altamente beneficioso para el espíritu.
Imposible
marchar de Vinça sin acercarnos a la vecina localidad de Prades, con lo que
cerraremos el periplo catalán que iniciamos en el Maresme. Prades es la capital
histórica del condado catalán del Coflent dsde época medieval, en cuya vecina
villa de Riá, nació según la tradición, Wifredo el Velloso, primer conde de
Barcelona con potestad de trasmitir el título de forma hereditaria. La ciudad,
hasta entonces española, fue cedida a Francia, con el resto de los territorios
catalanes al norte de los Pirineos en 1659 por el Tratado de Paz de los
Pirineos.
Hoy es una
hermosa ciudad de más de 6000 habitantes cuyas calles están empapeladas con
anuncios de numerosas actividades culturales entre las que destacan las de la
Universidad Catalana de Verano, ligada desde hace años al nombre de Pau Casals,
principal impulsor del festival anual de música instaurado en 1950 con motivo
del bicentenario de la muerte de Bach, del que Casals era devoto. El maestro,
como Pompeu Fabra y otros muchos exiliados republicanos españoles, encontró
refugio en Prades después de la guerra Civil española donde se enclaustró
durante años negándose a tocar en ningún otro sitio que la iglesia de la
localidad. Acabó marchando a Puerto Rico, donde murió, aunque sus restos fueron
trasladados en 1979 a su pueblo natal, Vendrell.
Una siesta
reconfortante y un relajado paseo nos despiden de Vinça y su lago dejándonos en
la retina la hermosa vista del Canigó como último recuerdo de Cataluña y de
nuestro viaje antes de la última etapa.
TRANCO XVI
Vinça-Santomera
Nuestro periplo
llega a su fin. Los fatigados corceles que tiran de La tinaja, emprenden el
último tranco del viaje con el buen ánimo que proporciona la querencia. Casi un
mes desde que salimos de casa es tiempo suficiente para echar de menos la
tranquilidad del cobijo habitual y el reposo hogareño para digerir tantas y tan
variadas emociones.
Tiempo de
sosiego y quién sabe si también para la elaboración de nuevos proyectos y
aventuras…