miércoles, 5 de febrero de 2020

LECTURAS: ¿SOMOS MUCHOS? (IV)


Cambiando el clima

PAUL Y ANNE AHRLICH La explosión demográfica, Biblioteca Científica Salvat, Barcelona, 1993.

La población humana se beneficia de ciertos recursos suministrados de forma natural por los ecosistemas naturales de la Tierra: dosifican la mezcla de gases en la atmósfera, suministran agua potable, controlan las inundaciones, proporcionan alimentos marinos y productos forestales, crean suelo fértil, reciclan nutrientes esenciales, polinizan las cosechas y controlan a la mayoría de plagas que las atacan. Si estos ecosistemas dejaran de funcionar, la economía humana se hundiría y nuestra especie sufriría una catástrofe sin precedentes.
El planeta nos resulta habitable debido a que en la atmósfera se encuentran presentes unas minúsculas partículas  de gases llamados “de invernadero” que retienen el calor cerca de la superficie. Los más conocidos son el vapor de agua y el dióxido de carbono (CO2), pero existen más de veinte (metano (CH4), óxido nitroso, ozono, dióxido de carbono, vapor de agua, clorofluorocarburados, etc.). Si la cantidad de esos gases fuera insuficiente, la Tierra sería una esfera helada semejante a Marte. Si la cantidad fuera excesiva, la Tierra, igual que Venus, estaría demasiado caliente para que hubiera vida en ella. En suma, nos beneficiamos del nivel justo del “efecto invernadero”, pero a medida que se talan y queman los bosques se añade CO2 a la atmósfera, a menos que ese bosque se replante para que pueda seguir atrapando el CO2 del aire. El CO2 liberado a la atmósfera, junto con las emanaciones de otros gases de efecto invernadero, van calentando gradualmente el planeta elevando la temperatura del sistema atmosférico.
¿Qué efecto produce esto?: El calentamiento, a corto plazo, incide de una forma directa en el desplazamiento de granes masas de calor de las regiones ecuatoriales a los polos, con la aparición de temibles huracanes que lo devastan todo a su paso, aunque siempre nos quedará la duda de si las sequías y los huracanes son exclusivamente el resultado de la acumulación de gases de efecto invernadero. En cualquier caso, sí estamos seguros de que la acción humana contribuye de forma determinante al cambio climático y al deterioro de las condiciones ambientales. Véase el efecto nocivo de la polución creada por los automóviles en las grandes ciudades, por no hablar de otros agentes cuya contaminación es mucho más importante: Trasporte pesado, aviones, grandes trasatlánticos, etc.
El futuro se presenta aún más tenebroso a medida que los países pobres vayan incorporándose (con todo derecho) a los niveles de bienestar de los ricos, lo que implica un mayor consumo energético y el aumento de las emisiones de CO2 a la atmósfera.
Otro efecto demoledor del impacto humano sobre el clima es la aparición de la lluvia ácida. La pérdida de vida en los lagos, ríos y bosques tiene sus orígenes en los óxidos de azufre y nitrógeno que emanan de las chimeneas de los complejos industriales y domésticos, así como de los tubos de escape de los automóviles.
La ecuación I=PRT, donde I es el impacto producido sobre el medio, P la población, R la riqueza y T la tecnología, da una idea de en qué medida cada uno de estos factores, en medida muy diferente según el país de que se trate, tienen una influencia mayor o menor en el impacto final sobre el ecosistema. Así, en los países con alta tasa de industrialización y elevado número de automóviles por cabeza, los factores R y T tendrían gran importancia, mientras que el África, el impacto sería debido sobre todo al factor demográfico.
Todo ello tiene como consecuencia final la disminución de la capa de ozono, presente en las capas altas de la atmosfera, que protege a las plantas, animales y personas de la nociva radiación ultravioleta causante del cáncer de piel en los humanos, además de afectar el ADN y los sistemas inmunitarios, inhibir la fotosíntesis y dañar las poblaciones de algas que habitan en aguas superficiales con desastrosos efectos sobre la pesca.
Los mayores agresores de la capa de ozono son los clorofluorocarbonos (CFC) empleados como refrigerantes, agentes espumantes de los plásticos y propulsores de los aerosoles, prohibidos por fortuna en muchos países, pero que aún siguen contaminando al planeta desde muchos otros. Y dado el sistema global hacia el que la humanidad camina de forma irremisible, un aerosol que se dispara en Malasia, contribuye a potenciar el cáncer de piel que puede aparecer sobre la piel de un turista que se tuesta al sol apacible (e imprudentemente) en Mónaco.


1 comentario:

  1. As stated by Stanford Medical, It is indeed the SINGLE reason women in this country get to live 10 years more and weigh an average of 42 lbs less than us.

    (And realistically, it is not related to genetics or some secret exercise and absolutely EVERYTHING around "HOW" they are eating.)

    P.S, What I said is "HOW", not "WHAT"...

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